Pensamientos, sentimientos, reflexiones con sinceridad y profundidad, compartidas abiertamente.
Prosa, poesía (a veces) y música selecta, para un encuentro diferente entre quienes quieren participar de mi blog.
"Dando, se recibe" dice la estrofa de una canción, basada en una oración de San Francisco de Asís.
La existencia, amigos, esto que llamamos vida, tiene muchas alternativas. Verdaderamente es un drama, con momentos muy alegres, felicísimos, y otros, de terrible tristeza, desgracia y desolación.
De corazones enteros, y de corazones partidos a la mitad. De luchas con otros, y de luchas interiores.
Sí, existir no es facil. Demanda a veces demasiado de nosotros mismos. Al punto que a veces se nos produce un quebranto, uno que afecta nuestra propia salud.
Y hay que salir de eso cuanto antes, y emerger más fortalecido que nunca.
Con todo eso a consideración, creo que una de las tareas más hermosas que podemos emprender en nuestra existencia, es procurar la felicidad de otros.
No importa si les conocemos o no. No importa si son amigos/as, o no. Claro está que si se trata de personas a quienes nos une una sincera, leal y verdadera amistad, con más razón procuraremos hacerles felices, brindarles lo mejor que tenemos, hacer que se sientan plenos/as.
Y el estupendo fenómeno que ocurre, es que cuando llevamos adelante iniciativas, tareas, propuestas, proyectos, y hacemos realidad cosas que hacen feliz a la otra persona o grupo de personas, nosotros dándonos en procura de esa feliciad, somos también felices. Tenemos una enorme recompensa.
Obtenemos de la otra persona el reconocimiento a lo hecho. No para jactarnos, vanagloriarnos, o sentirnos superiores. En absoluto. Estamos para servir y no ser servidos. Pero sirviendo, resulta que ello se revierte con creces en nosotros.
Primero que nada, porque aumentamos la cuota de humanidad o el proceso de humanización en nosotros mismos. Porque estamos más abiertos a entender, a comprender, a perdonar, a restituir, a enmendar, a construir, a lograr la armonía y la paz.
En segundo lugar, porque --como lo digo al principio-- "dando, se recibe".
Es pues al darnos a nosotros mismos, en procura de la felicidad de otros, que encontramos nuestra propia felicidad.
Y con ello nuestra vida se enriquece, nos sentimos realizados, nos sentimos bien con nosotros mismos, hallamos una razón de ser, es después de todo, un ejercicio saludable.
Y a veces es tan facil sentirnos asi. Nos basta una sonrisa a alguien, realizar un acto de cortesía, o --en términos más complejos-- hacer una gestión en favor de alguien, solucionar un problema, abogar por los derechos de otros. Las opciones son múltiples, y están todas a nuestro alcance.Viabilicémoslas, hagámoslas realidad.
Amigos, conocidos, personas referidas por otros, individuos clave en cierto ámbito, organización, lugar: tener un contacto, es importantísimo en la vida.
Porque los contactos nos allanan el camino, nos facilitan un trámite, nos asisten en asesorarnos, nos presentan a otras personas importantes, nos solucionan dificultades, y sobre todo, nos abren oportunidades.
Tener contactos pues, es parte esencial dentro de nuestra existencia. Y los contactos, llegado el momento, hay que usarlos. De la misma manera en que tenemos que estar dispuestos a ser el contacto que otros buscan en nosotros, para sus propios asuntos. Es algo recíproco.
Y así como es importante tener contactos, es importante ampliar ese círculo de contactos lo más posible, porque ello hace que se acuda a nosotros cuando terceros necesitan algo. Reconocer que somos personas que tenemos nuestros contactos a diversos niveles, nos hace socialmente útiles.
De modo que tan esencial como tener contactos, es imprescindible hacer contactos. En nuestro diario devenir, interactuamos con entidades, organizaciones, oficinas, ámbitos, que en principio son nuevos para nosotros. Cuando nos presentamos, cuando nos hacemos conocer, cuando algujen o más de una persona viene a atendernos, y terminamos en una buena relación, sabemos que hemos logrado un nuevo contacto.
Y así, uno a uno, la lista de contactos se va ampliando. Hacer contactos es parte de la habilidad que tengamos para interrelacionarnos con otras personas. Ponernos a disposición, --lo que determina una reciprocidad, en principio teórica, pero que puede volverse práctica en un momento. Una llamada telefónica cada tanto, un correo electrónico, un saludo en una fecha determinada (cumpleaños, por ejemplo) todo eso contribuye a mantener un contacto.
Si además, existe un tema común que nos vincula, tanto mejor, porque el contacto se hace fluido, aumenta en periodicidad, y hasta puede terminar en amistad.
Nosotros llegamos a ser quienes somos y a hacer lo que hacemos, gracias a los contactos que hemos podido ir logrando a lo largo de nuestra existencia.
Cualquiera sabe por ejemplo, que si tiene una idea, un planteamiento que quiere hacer llegar a otros, nada mejor que tener un conrtacto con un/a periodista que podrá hacernos un reportaje, o una nota en base a lo que le digamos, y así de golpe, llegamos a miles de personas.
Este es un ejemplo simple pero bien claro de las resultancias que puede tener un contacto.
Cultivemos por tanto, el arte de hacer contactos y de ampliar la cantidad de contactos que tengamos.
Fue apenas hace tres dias, cuando tuve una jornada fatal.
Comenzó de mañana temprano, cuando me decido a aplicar pintura al piso de cemento del patio trasero de mi casa, y me encuentro con que la pintura era de un color más claro que la base que ya había dado antes.
Lo peor es que me di cuenta que había sido un error mío al pedir el número de pintura equivocado.
Cuando voy para que me den la pintura con el color adecuado, el empleado me discute que lo que compré no fue pintura sino un barniz especial para cemento, y que no podían haberme dado el color que buscaba porque el mismo no corresponde al barniz sino a la pintura. Me pidió que le llevara la tapa del tarro que había comprado, y convine en hacerlo, sin darme cuenta que esa después de todo era una discusión sin sentido. Lo que yo necesitaba era que me vendiera pintura del color que yo quería. Y lo que había pasado antes, no venía a cuento.
Regrese a casa, y tuve que prepararme comida para almorzar.Cuando ya me había servido y me disponía a alimentarme, me doy cuenta que la comida aún necesitaba más cocción.
Realmente me entró casi temor. Me di cuenta que era un día en que no me salía nada bien, todo estaba enredado, como trabado.
Para completar la jornada, --como la guinda en el postre--, mi PC no se conecta con la Internet, y descubro un problema con un malware que --a pesar de tres filtros de seguridad-- se me metió en mi sistema.
Esperé 25 minutos para que la compañía que me provee el servicio de Internet (Cox Communications) fuese capaz de conectarme con un "representante". Cuando apareció una señorita, y le dije de mi problema, me contestó que tendría que pasar el tema a un técnico, que ellos podían entrar en mi PC y hacer los arreglos necesarios, y que eso me iba a salir cien dólares. Le agradecí y colgué.
Me salvó la laptop que tengo para todos los propósitos de entrar en las redes sociales, escribir este blog, y ponerme al día con mi corresponencia.
Hoy lunes 23 de Junio, se dio vuelta la suerte. Hoy ha sido una jornada
verdaderamente feliz para mi.
Todo estuvo desenredado. Cosas que han estado en mi pensamiento y oración desde hace meses, finalmente se concretaron. Mañana tendré una entrevista de trabajo, y me espera labor por delante, porque se aprobó un proyecto al cual deberé dedicarme los próximos meses.
En el ámbito deportivo, en el Mundial de Fúbtol, mi corazón acompañaba a México, ante su partido con Croacia. Y ¡qué felicidad poder disfrutar el triunfo por 3 goles a 1! Excelente desempeño de la seleccion mexicana, bien plantada en la cancha, jugando con coraje y decisión.
Y respecto de la PC, compré y le reinstalé actualizado el programa de Windows 7 Home Edition Premium, y todo está desenredado, todo funcionando a la perfección.
Por eso hoy fue un día que más hermoso y perfecto, no podía resultar.
A ello, debo agregar una constante: el cariño y la amistad de una señora que desde el exterior, me acompaña con sus correos, y de alguna manera, mitiga mi soledad.
Por eso, como escribí el 5 de Mayo p.pdo., existir es como andar en montaña rusa. De pronto se desciende, y luego se asciende.
A los uruguayos el fútbol nos viene desde siempre, desde que somos niños y jugamos tras una pelota, como yo jugué, en la calle, o luego, en un campito, hasta formar un cuadro y tener equipo para vestir.
Nos viene de lo que escuchamos de nuestros padres y vivimos con ellos en los triunfos de un cuadro predilecto, o del seleccionado nacional.
Yo era niño cuando Uruguay derrotó a Basil por la final del Campeonato Mundial de 1950 en Maracaná, y recuerdo la alegría de todo un pueblo y el imponente festejo a que eso dio lugar.
Nadie hizo acopio de ello para beneficio del partido político en el gobierno. Es que nada tenía que ver una cosa con la otra.
Y el éxito lo celebrábamos todos por igual.
Hay una especie de mística en el futbol uruguayo. Porque siendo un país tan pequeño territorialmente y especialmente en población, sin embrgo somos un cantero inagotable de excelentes jugadores que descuellan a nivel mundial en diferentes países.
Esto es lo que ocurre con Luis Suárez, que esta tarde, derrotando a Inglaterra con dos estupendo goles, mostró una vez más aquello de la "garra charrúa". Ese espíritu indomeñable que no se deja empequeñecer porque el otro vaya ganando o empate, y que sigue luchando, dejándolo todo en la cancha, para obtener un triunfo.
Esa es la tan mentada "garra". Y de eso, hoy, como tantas otras veces, hizo gala Uruguay, que se plantó muy bien en la cancha, que atacó muchas más veces que Inglaterra, buscando definir el partido a su favor.
La garra y la firmeza de un Egidio Arévalo Ríos, un puntal en la defensa celeste, o la voluntad de seguir luchando de Álvaro Pereira, cuando quedó desmayado por un golpe en la cara que recibió de la pierna de un adversario, y a pesar de que el médico de la selección le indicaba que dejara de jugar, él insistio en seguir jugando, y ¡vaya si lo hizo!.
Los ingleses en el segundo tiempo, trataron de ganar, y un tiro tuvo suerte y empataron, pero Uruguay no se iba a quedar con un empate, ni se iba a dar por vencido. Siguió peleando, puso tesón, empeño, fuerza, y salió airoso.
Eso es lo que tenemos los uruguayos, somos persistentes, no aflojamos, pocuramos un objetivo y nos damos enteros hasta lograrlo, ¡hasta el triunfo!
Acá en Virginia, imagino los festejos que habrá en todo Uruguay.
La gente sale a la calle con sus vehículos tocando bocina, y con banderas y carteles. La gente se encuentra y se abraza aunque no se conozcan unos a otros. Es que todos somos uno. Mágicamente, se disuelven todas las diferencias, tenemos un solo color: celeste.
Esa es también la magia del fútbol.
Seguiremos adelante todo cuanto se pueda. Y si llegáremos a quedar en el camino porque deportivamente hay equipos más jóvenes, que imponen más velocidad, o algún imponderable que nos deje fuera, habremos de irnos con honra.
Entre tanto, mi sincero homenaje a la oncena celeste, y en particular a Luis Suárez, un jugador que demuestra lo qué es saber hacer goles. Que --por ejemplo-- les muestra a los españoles, que llegaron muchas veces al área chilena, pero cuando estaban allí con la pelota, parecían marearse, y resultaban entreverados e indecisos en sus jugadas, jamás concretando, lo que les valió la derrota y quedar fuera del mundial.
Bueno, Suárez tiene la virtud de ver el gol al momento, y hacerlo realidad. Y esa es la diferencia.
La cantante folklórica argentina de prestigio mundial, Mercedes Sosa, hizo famosa la canción titulada"Gracias a la vida".
Otros podrán dar gracias a Dios, o gracias a un santo, o gracias a un amigo/a, pero siempre está en nuestro corazón la posibilidad y oportunidad de dar gracias, de ser agradecidos.
Esta semana, yo doy gracias a la divinidad, representada específicamente por la Virgen de Gudalupe (honrada en toda América Latina).
Aquí mismo he dicho más de una vez que no soy católico-romano, pero sí creyente. Y mi formación protestante me estaría diciendo un tanto teóricamente, que sólo puedo referirme o agradecer a Dios (a quien Uds. ya saben que prefiero llamar El Ser en Sí). Pero me parece una restricción desmedida. ¿Acaso no le pedían milagros a quien es proclamado como su Hijo, Emmanuel (Jesús), y acaso múltiples oraciones no terminan siendo pedidas "en nombre de Jesús"?
Una vez, en mi país natal, Uruguay, asistí a una ceremonia protestante para la bendición de un matrimonio. Y la música que se ejecutó en la ocasión era el Ave María de Schubert.
Pero aún más. Mientras el protestantismo tal cual lo he conocido en Uruguay era muy iconoclasta, aunque conocí una famosa imagen de Jesús visto de perfil, cuyo origen era estadounidense (seguramente llevada por algún misionero en su momento), acá en Estados Unidos, hay imágenes de Jesús como esa y otras, llevando la cruz, y hasta he visto una estatua de Jesús, así como pesebres vivos, o representados por estatuillas, cosa que jamás vi sucediera en Uruguay.
De modo que nadie ha de sorprenderse que yo, que tengo largos diálogos con el Padre Celestial, o con Jesús, también acuda a María Virgen, en su amparo y ayuda. Y lo que puedo decir, es que a tiempo y estupendamente, ha respondido a mis oraciones.
En el fondo, se trata del ámbito de la Divinidad, y allí, ella está integrada. Siempre tuve un especial respeto y admiración por la jovencita María.
¿Por qué la Virgen de Guadalupe? Porque su imagen tiene una hermosura y a la vez sencillez especial. Porque estuve en su Santuario Nacional en México D. F., porque la he encontrado en museos, en obras de arte hasta donde menos esperaba encontrarla, en Punta del Este.
Y porque descubrí que hasta en Uruguay, y por expresa indicación del Gral. José Artigas, máximo Jefe de los Orientales,(de cuyo nacimiento se cumplen mañana 19 de Junio, 250 años) se construyó una iglesia dedicada a ella cuya imagen llegó al país desde el Perú. Y es la principal iglesia de la ciudad de Canelones, capital del Departamento homónimo.
Pero lo esencial, es que siento gratitud en mi corazón.
Y que tenemos que estar prestos siempre a estar agradecidos. Al amigo que se acuerda de nosotros, a quien nos alienta cuando andamos de ánimo caído, a quien nos ofrece oportunidades para trabajar, para desarrollar nuestros talentos, a quien nos pide opinión o nos consulta. A quien nos valora por quiénes somos y lo que hacemos. A quien nos felicita en el éxito, y nos consuela en la derrota.
Para ellos y ellas, quienes son así conmigo, mi permanente gratitud, porque no otra cosa merecen sino eso.
Guardo para siempre en mi corazón, gestos excepcionales de personas magníficas, que en determinado momento, han sabido estar junto a mi, de muy distintas maneras.
Y por supuesto, se impone éticamente una reciprocidad. Yo también me doy en servicio y con gusto a quienes me necesiten, a quienes acudan a mi, a quienes busquen consuelo, aliento, apoyo, consejo, orientación, ayuda de diversas formas.
Lo he hecho. Lo seguiré haciendo, porque es parte de cómo soy.
Que también lo practiquen cada uno de ustedes, mis amigas y amigos lectores.