Parto de u n
principio básico: todo se da, acaece, ocurre por algo. Nada es casual, al azar,
porque sí.
Que tengamos
limitaciones de diversa índole para establecer por qué ocurre algo, no quita
que haya causas para ello.
Después de todo, el
proceso que está detrás, con que sea un desafío, con que apele a la
investigación o el estudio, no es lo que a los efectos prácticos cuenta. Lo que
cuenta es el resultado. Lo que cuenta es lo que ocurre.
Y las preguntas que
nos surgen, sin tampoco poderlas contestar al momento, sin poder captar su
alcance, son las siguientes: ¿por qué?, y luego la otra: ¿para qué?.
Pero bueno es que al
menos tengamos la sensibilidad y perspicacia suficientes como para darnos
cuenta de lo que podríamos llamar “indicadores”, “señales”.
Y así como las señales de tránsito guían nuestro andar, también estos
“indicadores” son señales en nuestra vida que nos conducen a algo.
Es posible que al
momento no podamos discernir ese algo, pero en tanto veamos que una y otra vez
la “señal” se repite, creo que lo inteligente es tenerla en cuenta, tenerla
presente. Porque en algún momento, eso nos aparecerá claro, y entonces
comprenderemos.
A lo largo de toda mi
existencia, y hasta el 2008, nunca me había planteado ir a México, aunque
siempre tenía un cierto interés en que tal vez, algún día, lo conocería.
Se dieron
concatenadas en forma causal, (no casual), una serie de extraordinarias
circunstancias debido a las cuales, aterricé en México en Julio de 2008, y
luego, debido a la misma razón que me llevó allí entonces, --una tarea
profesional—regresé en Noviembre del mismo año.
Tuve otra razón que
se fue haciendo cada vez mayor para visitar México, y descubrí la tremenda
riqueza cultural, la calidez de su pueblo, la belleza de sus monumentos, sus
museos, el valor para la humanidad de su pasado histórico, en fin, su ciudad
capital me conquistó. Y sus alrededores también: Coyoacán y Teotihuacán. ¡Ni
qué hablar de su música!
En una de esas veces
que visité ciudad México, fui a la Basílica Nacional de Nuestra Señora de
Guadalupe, donde se conserva la imagen original de la Virgen. Tomen nota de
este dato.
Con todo lo que vi y vivencié, México entró de lleno
en mi corazón.
A veces, por
determinadas situaciones, no quisiera pensar en México en cuanto ello refiere a
cuestiones muy personales. Pero –aunque suene paranoico, que obviamente no es
el caso—podría decir que México me persigue, o dicho mejor, México no me
permite que le olvide.
Estaba en Punta del
Este, Uruguay, veraneando en Enero de 2012, cuando de pronto paso por una hermosa
plaza. Pregunto a mi amiga que conducía su vehículo: ¿qué plaza es esta?..y me
contesta: la plaza México…(tragué saliva…).
Pero no habían pasado
ni dos minutos, que nos cruza por delante una camioneta, cuyo nombre, pintado a
un costado de la misma era: “el Charro”…(ya era mucho).
Remató la experiencia
puntaesteña, cuando me había llamado la atención un hermoso y muy fino edificio
frente a la Playa Brava. Quise verlo por dentro, tenía curiosidad.
Para mi sorpresa,
pude acceder al mismo, tomar fotos, y fui invitado a ver en su primer piso, una
exposición de cuadros de diversos pintores.
Increíble pero
cierto, entre todas las obras exhibidas, había una de un mexicano, y ¿quién
aparecía allí?, ¡la Virgen de Guadalupe!.(aquello fue el culmen).
Hace unos meses, visité la casa de unos vecinos salvadoreños. La señora me atendió muy amablemente y me hizo pasar. Cuando entro, no pude disimular mi sorpresa al ver la familiar imagen de la Virgen de Guadalupe, en una estatuilla colgada en una pared, lo que dio lugar a comentarios del momento.
Hace unos meses, visité la casa de unos vecinos salvadoreños. La señora me atendió muy amablemente y me hizo pasar. Cuando entro, no pude disimular mi sorpresa al ver la familiar imagen de la Virgen de Guadalupe, en una estatuilla colgada en una pared, lo que dio lugar a comentarios del momento.
Desde Octubre, el
Partido Sinaloense (PAS) de reciente creación, me ha estado enviando una serie
de mensajes, incluidos algunos del Senador nacional Aarón Irízar López.
A tal punto que
publiqué este acontecer en Twitter, bajo el título “Me quieren mexicano”,
agradeciendo estos envíos. A quienes son responsables de ellos les he aclarado
que no soy mexicano, pero me los siguen enviando. Les he saludado para las
fiestas.
Y en tanto esto se va
dando, este Sábado 22 de Diciembre, fui a una tienda latina, a comprar turrones
y galleticas.
Las propietarias del
local son peruanas, y al finalizar mi compra, me regalaron un almanaque para
2013.
Cuando llegué a mi
casa, me di cuenta que era un almanaque católico, y al abrirlo, en
su primera página, donde culmina este año y comienza el próximo, ¿con qué me
encuentro?, pues ¡¡con una gran imagen de la mismísima Virgen de Guadalupe!!
¿Casualidad? No…no
creo que es una casualidad.
Para mi esta es una
indicación, o como prefiero llamarla, una señal.
¿Cuál es su
significado, hacia adónde apunta en términos concretos? No lo sé.
Vale pensar en esto:
cada país latinoamericano tiene una imagen venerada de la Virgen María. Perú
(país de las propietarias de la tienda) tiene la Virgen del Carmen, Chile tiene
la Virgen del Cobre, Colombia tiene la Virgen de Chiquinquirá…y así podría
seguir. Sin embargo, quien aparece allí con su estampa, al comienzo del
calendario es la Virgen de Guadalupe.
Aclaro que no soy
católico-romano. Pero una cosa sí les digo. Para mi importa esta imagen porque
ella representa a México, y la tendré presente y en cuenta durante todo el Año
Nuevo que vamos a iniciar.
enigma
Textos protegidos por derechos de autor
Textos protegidos por derechos de autor
No comments:
Post a Comment