Saturday, December 24, 2022

LA GENTE PASA, LOS RECUERDOS QUEDAN

La memoria es uno de los tesoros más grandes que está en cada uno de nosotros.

Es esa memoria la que nos permite evocar a seres queridos que ya no están entre nosotros. Primermente a quienes compusieron mi familia.

Abuelos, padres, tíos y tías, primos y primas que ya no están.

Es esa memoria la que hace que revivamos momentos especiales, que hemos compartido con mujeres y hombres que han formado en algún momento, parte de nuestras vidas.

Siempre recuerdo a compañeros de escuela, de liceo, del pre-universitario, de la universidad y de estudios especiales y post-grado.

Siempre recuerdo a compañeros de mis trabajos, especialmente aquellos con quienes fue grato compartir la diaria tarea, con los que se fue tejiendo un lazo de simpatía y de amistad.

Y siempre tengo en mi mente a mis amigos, a los compañeros del CIOVI en Uruguay, y a los del GEFAI.  Ellos son presente. Pero recuerdo a quienes se fueron. A aquellos que en su partida me provocaron hondo dolor. 

Muchas de esas personas son un componente de mi propia persona, que se formó con todas y todos ellos.

Hay otras partidas, que duelen más que esas. Las de quienes están tan vivos como yo, pero han decidido darme la espalda, hacer como que no existo, no querer tener más relación conmigo, y eso les confieso, duele mucho, duele hondo. 

Si yo fuese un individuo insensible, poco sentimental, tal vez aceptaría esas situaciones sin importarme.

Por el contrario, cuando tengo una amistad la valoro, la aprecio, la respeto, y si me ha unido con una persona determinada un lazo sentimental serio y fuerte, entonces el dolor es mucho peor.

Yo no dejo a amigos, ni les abandono ni me olvido de ellos, porque cada uno en lo suyo son parte de mi y enriquecen mi vida. 

Entonces cuando alguna o alguno decide cortar toda relación, me pregunto sin recibir respuesta, cuán grave ha sido mi falta o qué tremendo error he cometido, que ha determinado esa actitud en ellos. 

Admito que puedo haberme equivocado, que puedo haber dicho algo, o tenido una actitud que de pronto no cayó bien, pero esas cosas se hablan, y por sobre todo, se superan. Porque el valor de la relación está por sobre ellas. 

Si en cambio alguna de esas cosas es suficiente para crear una barrera infranqueable, una separación permanente y creciente, bueno, la otra persona tal vez (y sólo tal vez) pueda olvidarme, pero yo, jamás.

Y no se trata de que le recuerde con rencor. No, de ninguna manera. Le recuerdo con dolor, ansiando que un día fuese capaz de restablecer su vínculo conmigo. 

Siempre estoy abierto al diálogo, al entendimiento, a aclarar cosas que de pronto fueron mal entendidas, y a la reconciliación feliz.

Ojalá que si dentro de quienes me leen se encuentra alguna de esas personas, lo entienda, y esté en disposición de actuar en consecuencia.

Seas quien seas, estoy esperando. Pero apresúrate, no queda mucho tiempo para mi.


Milton W. Hourcade