Saturday, December 24, 2022

LA GENTE PASA, LOS RECUERDOS QUEDAN

La memoria es uno de los tesoros más grandes que está en cada uno de nosotros.

Es esa memoria la que nos permite evocar a seres queridos que ya no están entre nosotros. Primermente a quienes compusieron mi familia.

Abuelos, padres, tíos y tías, primos y primas que ya no están.

Es esa memoria la que hace que revivamos momentos especiales, que hemos compartido con mujeres y hombres que han formado en algún momento, parte de nuestras vidas.

Siempre recuerdo a compañeros de escuela, de liceo, del pre-universitario, de la universidad y de estudios especiales y post-grado.

Siempre recuerdo a compañeros de mis trabajos, especialmente aquellos con quienes fue grato compartir la diaria tarea, con los que se fue tejiendo un lazo de simpatía y de amistad.

Y siempre tengo en mi mente a mis amigos, a los compañeros del CIOVI en Uruguay, y a los del GEFAI.  Ellos son presente. Pero recuerdo a quienes se fueron. A aquellos que en su partida me provocaron hondo dolor. 

Muchas de esas personas son un componente de mi propia persona, que se formó con todas y todos ellos.

Hay otras partidas, que duelen más que esas. Las de quienes están tan vivos como yo, pero han decidido darme la espalda, hacer como que no existo, no querer tener más relación conmigo, y eso les confieso, duele mucho, duele hondo. 

Si yo fuese un individuo insensible, poco sentimental, tal vez aceptaría esas situaciones sin importarme.

Por el contrario, cuando tengo una amistad la valoro, la aprecio, la respeto, y si me ha unido con una persona determinada un lazo sentimental serio y fuerte, entonces el dolor es mucho peor.

Yo no dejo a amigos, ni les abandono ni me olvido de ellos, porque cada uno en lo suyo son parte de mi y enriquecen mi vida. 

Entonces cuando alguna o alguno decide cortar toda relación, me pregunto sin recibir respuesta, cuán grave ha sido mi falta o qué tremendo error he cometido, que ha determinado esa actitud en ellos. 

Admito que puedo haberme equivocado, que puedo haber dicho algo, o tenido una actitud que de pronto no cayó bien, pero esas cosas se hablan, y por sobre todo, se superan. Porque el valor de la relación está por sobre ellas. 

Si en cambio alguna de esas cosas es suficiente para crear una barrera infranqueable, una separación permanente y creciente, bueno, la otra persona tal vez (y sólo tal vez) pueda olvidarme, pero yo, jamás.

Y no se trata de que le recuerde con rencor. No, de ninguna manera. Le recuerdo con dolor, ansiando que un día fuese capaz de restablecer su vínculo conmigo. 

Siempre estoy abierto al diálogo, al entendimiento, a aclarar cosas que de pronto fueron mal entendidas, y a la reconciliación feliz.

Ojalá que si dentro de quienes me leen se encuentra alguna de esas personas, lo entienda, y esté en disposición de actuar en consecuencia.

Seas quien seas, estoy esperando. Pero apresúrate, no queda mucho tiempo para mi.


Milton W. Hourcade



Wednesday, November 16, 2022

AQUEL TIEMPO EN CX-14 "EL ESPECTADOR"

 

En un tiempo en que la participación profesional en los medios estaba muy dividida, existían el periodismo escrito (diarios y revistas), el periodismo oral (las radios) y el periodismo televisivo.

Quienes hacían radio, se calificaban a sí mismos como "hombres de radio". 

Y fue en CX-14 "El Espectador" en su edificio de Soriano y Yaguarón, donde comencé a ser "hombre de radio".

Hasta entonces, desde 1965, había conocido y practicado profesionalmente el periodismo escrito.

En "El Espectador" la emisora mayor de Difusoras del Uruguay, iba cada semana a entregar una cinta grabada con un programa creado por el Centro de Investigación de Objetos Voladores Inidentificados (CIOVI), que la emisora ponía al aire los sábados de noche.

Por el tema OVNI, más de una vez me hicieron entrevistas en un progama largo de la mañana que se titulaba "Palabras Mayores". 

Fué allí que tuve el placer de dialogar con el Profesor Pittaluga Vidal, un gran docente de historia, a quien le pregunté si se sabía qué le había pasado al Capitán de Fragata José Posadas, que dirigiera las tropas españolas derrotadas por Artigas en la Batalla de Las Piedras.

Porque hasta ese momento, sólo conocía la famosa frase "Clemencia para el vencido" por la cual Posadas se libró de haber sido muerto a espada.

Fue entonces que el Prof. Pittaluga me contó que fue desterrado y enviado a la Patagonia (Argentina) hasta que luego de largo tiempo allí, fue recogido por un navío español. 

Fue entonces que conocí al gran periodista y Jefe de Prensa, Horacio Mayer, y a algunos locutores como Juan Carlos Florit, que tenía el privilegio de leer al mediodía un artículo editorial bajo el título de "Opina El Espectador", que Florit ensayaba momentos antes de grabarlo, yéndose solo a la Radioplatea. 

Fue por entonces que pensé en que de pronto podría hacer un

programa pequeño en la radio, que se titularía "Reportaje a la Ciencia". 

Comencé a reunir material de las embajadas de Estados Unidos, del Reino Unido, de Francia, de Alemania. Allí había mucha información sobre avances científicos, experimentos, etc.

Entonces consulté con personas de la radio con quienes ya nos conocíamos, cómo podría hacer para presentar mi idea, y me indicaron que pidiera hablar con el Sr. Beisso, que era el Jefe de Programación.

Beisso, una magnifica persona, me recibió muy bien, y me dijo: prepáreme un cassette con lo que sería su programa, lo voy a escuchar y luego le diré.

Así lo hice, presenté el cassette, me pidió un  par de dias para escucharlo, y cuando le fui a ver nuevamente, me recibió, me dijo que había escuchado el programa y me preguntó: "¿cuándo empezamos?"

Aquello fue un espaldarazo enorme para mi. Era la primera vez que iba a trabajar profesionalmente en una radio de la calidad y prestigio de "El Espectador". 

Como no quería que el progama de 15 minutos, con espacio para publicidad en el medio fuese un monólogo, preparé un libreto para ser leído a dos voces, hecho sobre la base de preguntas y respuestas.

Y ¿quién iba a ser mi interlocutor?, nada menos que el hijo del propietario de la radio, el entonces joven Héctor Oscar Amengual, que con los años se recibió de abogado, y fue Presidente de AEBU.

Lo otro importante que ocurrió, es que de ser un programa que iba una sola vez por semana, un día el Sr. Beisso me llama a su despacho, y me pregunta si no me animaría a hacer el programa tres veces por semana. Por supuesto que acepté el desafío, y entonces salíamos al aire los lunes, miércoles y jueves.

Tejimos con Héctor Oscar una hermosa amistad. Y un joven de apellido Fernández (de cuyo nombre no puedo acordarme) con quien también fue un gusto trabajar juntos, seleccionaba música que pensaba podía servir para el programa, y me la hacía escuchar de modo que yo pudiera elegirla. 

Así comencé mi tarea periodística en el ámbito radial. Y tengo --como se podrán imaginar-- un agradecimiento eterno a la magnífica oportunidad y el recibimiento que me hizo "El Espectador", que por supuesto me puso en planilla, pues me remuneraba por mi labor. 

Para mi un recuerdo hermoso, de una querida radio, donde había una pequeña cantina y allí se reunía la gente del deporte, que discutía a veces apasionadamente, entre quienes estaba Luis Víctor Semino, titulado "el máximo comentarista deportivo". Semino se jubiló, pero siguió participando de esa mesa donde el fútbol era siempre el tema principal y personalmente, era su pasión.

¡Qué lindo "hacer radio", y qué hermosa experiencia trabajar con personas de calidad. 

Milton W. Hourcade



Monday, November 14, 2022

CUANDO DECRECE LA INSPIRACIÓN

Amigas, amigos, les voy a ser muy sincero: es notorio que mi inspiración para escribir en este blog que creé en 2008, ha disminuido.

Cuando recién creé el blog, escribí 21 artículos. Apenas el año siguiente, llegué a escribir 192 artículos. 

Y el máximo lo marcó 2012 con 239 artículos. Luego comenzaron a decrecer. En 2021 apenas escribí 27 artículos, y este 2022 llevo con el que Uds. están leyendo, 23.

¿Cómo se explica esto?

Para que uno escriba bastante, tiene que estar fuertemente motivado. Puede existir inclusive --algo que realmente ocurrió sin que Uds. lo supieran-- un diálogo con alguna persona, en que había un intercambio de ideas y sentimientos desde nuestros respectivos blogs. 

Eso llegó a un punto final en 2012.

A lo largo del tiempo, se incrementó considerablemente la actividad de la página web del UAPSG-GEFAI de la que soy responsable y casi el único redactor, a pesar de que pido ayuda. Y eso, en inglés y español, me consume mucho tiempo durante cada semana, para elaborar una página que aborda temas de Astronomía, Aeronáutica, Astronáutica y UAPs.

De no ser así tendría más tiempo para redactar este blog que amo tanto.

Quiero dedicar más tiempo a la fotografía, y volver a pintar, lo que me agrada mucho. Pero para eso, estoy pensando en espaciar o reducir el material de la página web. De lo contrario es imposible.

Entre tanto, hay muchas cosas hermosas que la vida me provee, amistades muy especiales y duraderas, personas de calidad única que uno tiene el privilegio de tratar.

La pena es que muchas de ellas están a 9.240 kilómetros de distancia, y aunque Whatsapp es muy versátil, nada sustituye el encuentro personal.

Les prometo estar más regularmente en este blog, que ha sido y tiene que seguir siendo un instrumento fundamental de comunicación para discurrir sobre temas muy humanos, para compartir ideas y sentimientos y para escucharles a Uds. en vuestros comentarios. 

Espero me comprendan, y escribiré más regularmente.

Un gran abrazo a todos/as.

Milton W. Hourcade

Saturday, October 15, 2022

EL TAMAÑO DEL TIEMPO


Para referirnos a la magnitud tiempo necesitamos establecer primero la naturaleza del mismo, y nada mejor que la definición que nos provee la Física: se llama tiempo a una magnitud que sirve para medir la duración o la separación de uno o más acontecimientos. Esto permite ordenarlos en una secuencia (pasado, presente, futuro) y determinar si ocurren o no en simultáneo.

Y me interesa destacar --para lo que aquí quiero compartir con ustedes-- que el tiempo permite medir "la separación de uno o más acontecimientos".

Les seré franco, a mi me sorprende de pronto recordar a ciertas personas o hechos, y  percatarme que no pasó hace poco, sino hace 10 o 15 años, "y parece que fue ayer".

Y les pregunto: ¿a ustedes les pasa lo mismo?

Es como que en la memoria el tiempo se contrajera, y si bien su magnitud nos permite  medir "la separación de uno o más acontecimientos", por otro lado parece que tal separación no es tan grande, que todo está más cerca, y por tanto, también nos influye, emociona, o se no hace más vívido.

Porque al repasar mentalmente lugares, personas, circunstancias, cosas que hemos vivido, nos parece irreal que haya pasado tanto tiempo, que las debamos ubicar más lejos. Que esas personas que formaron a distintos niveles y por distintas razones parte de nuestras vidas, ya no estén entre nosotros por ejemplo, que ya hayan fallecido.  

Como digo, hay una percepción distorsionada del tiempo que juega en nuestro inconsciente y que nos aproxima mucho más a un pasado que en realidad es más lejano.

No sé por qué ocurre eso, pero sí sucede. 

Puede que sólo acontezca con lugares y personas que han tenido que ver bastante con nosotros. Una circunstancia así se plantea en relación al lugar donde hemos trabajado por años, y a las compañeras y compañeros de labor, por ejemplo.

Hay anécdotas, colaboración, trabajo en equipo, y un relacionamiento personal donde muchas veces se hace presente el afecto.

Hay también circunstancias desdichadas, donde recordamos a alguien pero le aborrecemos, porque nos ha hecho sufrir, porque cometió una injusticia con nosotros, porque nos hizo daño. 

En cierta medida, toda cosa, circunstancia, hecho que haya tocado a nuestros sentimientos, a nuestra personalidad, a quien somos esencialmente, ocupará un lugar en nuestra memoria.

Y tal vez la mayor cercanía o distancia en el tiempo, se dé por la calidad de relación que tuvimos con determinda persona, lugar, ambiente, etc.

Si a alguien no le ocurre eso, le agradecere que lo comparta escribiéndome a enigma0458@gmail.com 

Milton W. Hourcade




Saturday, October 1, 2022

LA VIDA PRIMERO

 El terrible huracán IAN, que aún asuela territorio ameriano, con una potencia de categoría 4, ha dejado su secuela de al menos 77 personas muertas en el Estado de la Florida.


Una marejada ciclónica destruyó y arrastró casas al SW de Florida. Una inmensa corriente de agua de 7 metros de altura arrasaba con todo. Gente recurrió a los techos de sus casas para no morir ahogada.

La Guardia Nacional realizó más de 270 rescates, pero hubo un total de 1.100 personas rescatadas por la iniciativa de personas que se dispusieron a realizar esa tarea.

Los vientos soplaron a 120 millas por hora, equivalente a 193 kilómetros por hora.

Millones de personas quedaron sin energía eléctrica, pero la eficiencia de los servicios están restableciendo con toda la rapidez que pueden el fluido eléctrico.

Esta es una descripción somera de los princiaples razgos de lo que ha dejado este huracán.

Pero lo más importante que queda es el drama humano.

La pérdida de seres queridos.

La pérdida de todo o buena parte de los bienes materiales que formaban parte de la vida cotidiana de miles de personas. Sus viviendas, sus electrodomésticos, sus muebles y enseres, sus cuadros, sus recurdos de familia....todo perdido.

Es tremendamente doloroso. Y es muy dificil que personas de más de 50 o 60 años puedan siquiera pensar en reconstruir sus vidas tal y cual las tuvieron hasta ahora.

La desazón, la angustia, el dolor les acompaña, pero el llamado a la vida se impone. Y --afortunadamente-- han continuado vivos.

Y en medio de las circunstancias más aciagas, lo más importante es la vida, siempre la vida.

Que lo digan si no, todos quienes huyeron de la guerra en Ucrania, refugiándose en países vecinos.

Que lo digan los jóvenes que antes de ser reclutados para la guerra,  huyen de Rusia.

Que lo digan los miles y miles que siguen huyendo de Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Porque la vida está primero. Porque la vida es el máximo valor a preservar. 

Un acto terrorista, una guerra, o un fenómeno natural como un huracán, o un tornado, o un terremoto,  puede hacernos perder todo cuanto tenemos en nuestra vivienda, y hasta la vivienda misma. 

Pero si salvamos la vida, siempre hay esperanza.

Porque en circunstancias realmente aciagas, siempre hay organizaciones, países y personas, que están dispuestas a ayudarnos.

Por la misma razón, cuando sobreviene una circunstancia terrible como la de un huracán, o un terremoto, o un incendio voraz e incontenible, lo primero es salvar la vida, y no quedarse en donde uno ha habitado hasta ese momento, porque no sólo se corre el riesgo de perder todo lo que se tiene materialmente, sino de perderse uno mismo.

La vida, siempre primero.

Milton W. Hourcade



Thursday, September 8, 2022

SERES HUMANOS: ¿SOMOS TODOS IGUALES?

Soy consciente de que me introduzco en un tema escabroso.

Pero me gusta ser abierto, sincero y franco. La hipocresía para mi es algo detestable.

Y hablar claro es una virtud.

Y eso voy a hacer.

Las constituciones de los diversos países consagran de una u otra manera (claro que no sé si todas), que los seres humanos como tales están dotados de plenos derechos, que son iguales ante la ley, etc

Y si se profundiza en el tema, se dirá, escribirá, abogará, defenderá, y luchará por la igualdad de todo ser humano respecto a otro, y por tanto en contra de toda discriminación, de todo intento por jerarquizar a unos y menoscbar otros. 

En teoría, eso está muy bien.

En la práctica, sabemos que eso no funciona así.

Y me atrevo a decir algo más: eso sabemos que no es así.

He andado bastante mundo. No todo el que querría y aún quiero conocer y recorrer.

Pero así como he estado en Europa (España, Francia, Alemania, Bélgica y Holanda) he estado también Argentina, Brasil, Perú, Ecuador Colombia y México.

Y en mi trabajo en Washington D.C. he tratado con personas de Puerto Rico, Haití, Cuba, Venezuela, Costa Rica, Honduras, El Salvador, Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia, Chile, Brasil, y México.

Y si bien básicamente, en un trato respetuoso pero superficial, y contando en el caso de los latinoamericanos con un mismo idioma (o muy similar en el caso de Brasil) como humanos todos nos entendemos, podemos considerar temas, etc. y entablar diálogos valiosos, sin embargo, hay un hecho ineludible e insoslayable: somos diferentes, no somos iguales.

Con esto no quiero decir que hay inferiores y superiores, simplemente he constatado que somos diferentes. 

Desde la cosa más simple como los vocablos, donde una misma palabra tiene un significado totalmente diferente de un país a otro; más las cosas que se llaman de manera diferente de un país a otro.

Y las costumbres familiares, en la educación, en la relación con las amistades, en lo que es una fiesta en un país respecto de lo que es una fiesta en otro.

En la forma de encarar la muerte en unos lugares y en otros. 

En la forma de relacionarse hombres con mujeres y mujeres con hombres.

Y hasta en aspectos éticos, en la escala de valores respecto de distintos aspectos de la vida, del relacionamiento humano en un empleo, y en el matrimonio.

En todo esto, no hay un ápice de discriminación, pero sí un reconocimiento muy cierto, lógico y verdadero de que todos somos humanos sí, pero no somos iguales.

Y esa diferencia está en la idiosincrasia.

La Real Academia del idioma Español define la idiosincrasia como; "Rasgos, temperamento, carácter, etc., distintivos y propios de un individuo o de una colectividad."

Es eso lo que nos hace diferentes. Lo que hace diferente una colectividad determinada dentro de otra.

Esto es más que notorio en Estados Unidos, donde coexisten comunidades totalmente diferentes.

La idiosincrasia de chinos es diferente a la de los coreanos, pero ambas etnias asiáticas a su vez son diferentes a la idiosincrasia de los blancos, y éstos y su idiosincrasia son netamente diferentes a gente de la India, de países árabes, y a los afro-descendientes. 

Su manera de vivir cotidianamente, en familia, con amistades, sus comidas y bebidas, su forma de educarse y sus valores son toalmente diferentes de un grupo humano a otro.

Si no se tiene en cuenta esto, se vive una fantasía, o se pretende forzar mediante leyes o decretos que una realidad básica diferente, sea igual.

Dentro de una sociedad dada, somos todos iguales ante la ley. No importa la idiosincrasia o etnia. 

Pero fuera del ámbito legal, tener en cuenta las diferencias no es discriminar, sino atenerse a una realidad.

Así lo veo. Si estoy equivocado, me lo dicen.

Milton W. Hourcade





Friday, September 2, 2022

EL TIEMPO SE NOS ACORTA


Cuando éramos jóvenes, y aún unas décadas menos, podíamos hacer planes a largo plazo.

Plantearnos un objetivo a ver totalmene realizado en 15 o 20 años. Una carrera universitaria, la edificación de una vivienda, el establecer una red comercial, un plan de viajes internacionales, etc.

Pero al llegar a la edad madura, ya no es posible tener la misma visión prospectiva.

Es necesario acotar los márgenes del tiempo, porque incluso no sabemos dentro de qué lapso podremos seguir estando sobre la faz de la Tierra.

Se nos plantea entonces una opción no muy fácil de resolver: ¿qué es lo que queremos hacer y de cuánto tiempo disponemos para ello?

Hay evidentemente una urgencia a la que no podemos escapar. 

Tenemos entonces que ser muy selectivos. Tal vez confeccionar una lista se prioridades e irlas cumpliendo metódicamente, hasta agotarlas.

Si aún nos queda tiempo disponible, seguiremos trazándonos metas a corto plazo, y tener la satisfaccion de hacerlas realidad.

Ahí entran en juego factores humanos muy importantes: la familia, los amigos, nuestra lealtad a instituciones, y los relacionamientos humanos que disfrutar, y aquellos con los que --de ser posible-- haya que reparar.

Viene entonces a desempeñar un papel muy importante, en medio de todo eso, el tener paz interior. 

No le debemos nada a nadie. Nuestra conciencia está tranquila. 

Si hay alguna situación pendiente que de alguna manera pudiera solucionarse, hay que intentarlo, en aras de esa misma paz. 

Y si la hora final se hace presente, y estemos lúcidos para verla venir, esperémosla con la tranquilidad de saber que la vida es frágil, sintiéndonos felices por todo el tiempo que tuvimos para disfrutarla, para crearla, para edificar nuestro ser. 

También por haber vencido dificultades, y por habernos dado cuenta que Alguien estaba velando por sobre nosotros, porque muchos acontecimientos no habrían ocurrido tal cual lo fueron de no haber mediado una intervención por sobre nosotros, nuestras capacidades o nuestra voluntad. 

Darnos cuenta de ello es esencial a nosotros mismos. 

Sí, es una pena que no podamos hacer planes a largo plazo, de aquí a 30 años, porque muy posiblemente para entonces ya no estaremos. 

Pero hagamos planes y cumplámonos dentro de plazos más cortos y realizables. Porque eso forma parte de vivir.

Y en todo momento tengamos presente algo: el amor es lo más importante de todo. 

Amemos cuanto podamos. No nos cansemos de amar. Y vivamos el amor cuanto podamos, a todos los niveles posibles. 

Que cuando se nos recuerde, pueda decirse de nosotros: vivió el amor y sembró amor. 

Milton W. Hourcade




Tuesday, August 30, 2022

CADA MOMENTO EN LA VIDA ... (tercera nota)

¿Qué importancia puede tener mi vida para otros? me pregunté hoy. 

Pero no se trata de mi vida sino de lo que a través de mi relato no sólo puedan conocerme mejor, sino a la vez  dar con ex-compañeros de estudio o de trabajo,que de pronto pueden comentar y agregar sus propias vivencias o experiencias.

 Cuando abordé el segundo año de Preparatorios en el IAVA, mi situación personal había cambiado.

Por un lado, tenía un empleo como administrativo en la Dirección de Expendios Municipales, ubicada entonces en Joaquín Requena casi Brandzen, y por la vuelta en Carapé. Era una oficina con una noble tarea social, que lamentablemente desapareció. Hoy esos bienes inmuebles están ocupados por familias que --tal vez-- tengan vinculación con personas desaparecidas durante el gobierno de facto.

Allí comencé trabajando en Contaduría, donde encontré al Cr. Julio Burgazzi, y al oficial Eduardo Agripa. Recuerdo a un señor mayor que se caracterizaba por usar moñita en lugar de corbata, Walter Forni era su nombre. Una persona muy agradable. Y allí estaban quienes más adelante contraerían matrimonio, dos estudiantes de Notariado, Blanca Lleonar y Walter D´Auría.

Tiempo después, litaralmente ascendí, porque fui a trabajar al primer piso. Allí estaba en la secretaría de dirección. Y esa fue la experiencia más feliz de este mi primer empleo.

Desde don Washington Nevicati, y "el negro Preve", de quien nunca pude saber su verdadero nombre, en la Caja, y alrededor mío un grupo femenino integado por la oficial Sonia Alcoba, y las empleadas Olinda Iglesias San Martín, y Nora Raquel Oldoine (hija de "Old", famoso comentarista deportivo). El jefe de Secretaría era Arturo Basanta. 

Ahí aprendí a usar un mimeógrafo, a grabar matrices con instrumentos especiales para hacer carteleras de precios,etc. Y por suerte, teníamos unas máquinas de escribir nuevas.

En un salón contiguo estaba Susana Tabérez, responsable del archivo de todas las operaciones de la oficina. 

El Secretario era don Guillermo Almada, ahí tenía su escritorio Jaime Yaffe, y Héctor Fabregat Escalera. 

El Director era don Eugenio Marabotto, un hombre corpulento, alto, de ojos celestes, típico italiano del Norte, bueno a carta cabal. Primero tuvo una secretaria personal, de cuyo nombre no me acuerdo.  Luego, fue sustituida por Rosalía Santos Ibarra,a la que llamábamos Rosina. 

En la Oficina de Personal, el jefe era Sander, con quien daba gusto conversar porque siempre tenía una ocurrencia o un chiste. Con él trabajaba la señora Gilda Badaracco de Iraizoz (esposa de un famoso pelotaris uruguayo), y más tarde también se unió a la sección Susana Bernadá, una hermosa rubia, que se iba a tostar a Punta del Este.

Por la calle Carapé se atendía al público que iba a buscar tarjetas para adquirir leche a precio reducido. Ahí estaba Guillermo Noya, que quedó de Jefe de la Sección, cuando Perna pasó a sustituir a Marabotto que había fallecido. Un tiempo fui a reforzar la sección allí hasta que regresé a secretaría.

También en la calle Carapé estaba la sección Depósito, donde se guardaba todo el material de oficina necesario para cumplir nuestras funciones. Había un solo responsable, Emilio Peduto.

Durante el tiempo de mis estudios el señor Marabotto dispuso que se me diera un horario especial para poder estudiar para los exámenes, y cada vez que daba uno le informaba a él de cómo me había ido. Asimismo, y por reglamento podía disponer de 48 horas antes para faltar a mi trabajo y ultimar los preparativos de cada examen. 

Lo que puedo decir en resumen, es que era un grupo de gente formidable, todos nos tratábamos con respeto, y con algunas personas era posible desarrollar un cariño verdaderamente hermoso. 

Solíamos celebrar cumpleaños, y despedidas de solteros. 

Por ese tiempo, me había enamorado seriamente de una chica vecina, que cada vez que llegaba a mi casa desde la oficina, me esperaba en la terraza-balcón de su apartamento. 

Nos entendíamos muy bien, y verdaderamente fue en ese momento el gran amor de mi vida. La ayudé todo lo que pude, hasta le conseguí un empleo en la Cooperativa Municipal. Llegamos a comprometernos con una pequeña celebración en mi hogar, y estábamos haciendo aprontes para casarnos. 

María Raquel era todo para mi, y de pronto, la infausta noticia de parte de personas amigas, de que al parecer andaba dándose besos con un individuo que llegué a saber era su jefe en su empleo. La situación me revolvió el estómago, tuvimos una seria conversación, y partir de ahí se terminó nuestra relación. Anímicamente quedé muy maltrecho, me costó mucho tiempo recuperarme.

En mis estudios me iba muy bien. La clase de Metafísica, con una profesora cuyo nombre no recuerdo, era estupenda porque se podían debatir ideas. Una de las chicas que más intervenía era Sonia Breccia, con quien inclusive una tarde, mi amigo Raúl Freccero y yo (que estábamos en la misma clase) fuimos a la casa de los padres de Sonia en Pocitos, donde estuvimos horas estudiando.

De este año recuerdo con afecto a Sarita Shapiro, a Dinorah Azpiroz, y a una hermosísima rubia --que no estaba en nuestra clase-- pero con la que a veces intercambiábamos alguna conversación: Lil Güida. 

Fue el año de paros y ocupación del IAVA. Dos por tres las clases se interrumpían. A nosotros los estudiosos eso nos molestaba y mucho, por cierto.

En Historia Nacional tuvimos el lujo de tener a un auténtico historiador, el Profesor Edmundo Narancio. Todas las mañanas llegaba en su jeep, se bajaba, compraba el diario El País y lentamente llegaba al IAVA. Por esa misma lentitud que tenía al caminar le habíamos puesto como apodo "Aquiles" (el de los pies ligeros) por contraposición. Cada clase era una exposición estupenda de conocimiento de la historia y su explicación. 

Ese año salvé todas las materias. Estaba listo para ir a Facultad de Derecho. Allí conocí a un par de valiosos profesores, como lo eran el Dr.Hugo Barbagelata, en Derecho Constitucional, y el Prof. Aníbal Del Campo, en Derecho Civil e Isaac Ganón en Sociología. De otros no recuerdo. 

Todos los días teníamos clases de mañana. De tarde trabajaba y de noche estudiaba. No era nada ideal como situación. El estudio lleva su tiempo.

Con Freccero habíamos estudiado juntos para el examen de DerechoCivil. Nos considerábamos preparados. Raúl salvó la prueba y

quedó en esperarme en el "Gran Sportman", el café frente a la Universidad. Rato después llegué yo, y cuando él pensaba que ambos íbamos a celebrar un triunfo, no pudo compender cómo era que yo había perdido el examen.

Ese fracaso me desanimó mucho. Pensando en por qué había perdido, encontré una razón que me diferenciaba de Raúl: él sólo estudiaba, yo a la vez, trabajaba. Y llegué a la conclusión de que si uno quiere llevar un ritmo natural de estudio a nivel universitario, no puede hacer las dos cosas. A menos que se disponga a pasar el doble de años estudiando hasta obtener el título.

Por entonces había cambiado también de empleo. Me había presentado a un concurso aspirando a un puesto en la Sociedad Anónima Fábrica Uruguaya de Alpargatas, una textil de capitales británicos que estaba instalada en Argentina, y en Venezuela.

Gané esa prueba que no era sólo de conocimientos generales, sino que tenía una buena parte a un test de personalidad.

Entré a trabajar allí en la administración de fábrica, lo cual me llevó a tratar con cantidad de opearios y operarias, y con jefes y encargados de secciones.

Por un lado fue una rica experiencia, por cuanto tuve que conocerme toda la fábrica, qué hacía cada sección, cómo se trabajaban los textiles, cómo las alpargatas, cómo la tela vaquero y el teñido de telas, más las telas estampadas con colores, etc.

Cuando venían visitas, yo era el encargado de llevarles a recorrer todas las instalaciones. 

Todos quedaban sordos luego de visitar telares, pero eso se les iba yendo paulatinamente. A los 20 minutos habían recuperado su total audición.

En la tarea diaria, llevaba un control de ausencia, y especialmente por razones médicas. Trataba con el médico certificador, le preparaba una lista de visitas para verificar si efectivamente los empleados estaban enfermos y registraba sus novedades en las fichas de cada quien. 

Todo eso era en la oficina de Personal de Fábrica, que tenía un jefe argentino, de apellido Delfino, y un sub-jefe, de apellido Olivar. La secretaria del señor Delfino era Elizabeth Herrero, una chiquita muy simpática y eficiente, y además una gran persona. Luego de años nos hemos vuelto a encontrar en Facebook.

Con el andar de unos años, me pasaron a una oficina de planificación

de producción de fábrica. Allí había que ir a verificar qué cantidades había de materia prima, qué pedidos de ventas venían y cómo podría tenerse una producción para cierta fecha dada. No era nada facil, y francamente, no era el ideal para mi, porque había que hacer cálculos, y ese no era mi fuerte. 

Cuando yo comparaba el ambiente con el de la oficina municipal, aquello era el día y la noche.

En la fábrica nadie se conocía por su nombre. Todos por sobrenombres.

La infidelidad conyugal era la norma. Había una sección a la que --en alusión a una comedia argentina- le llamaban "Villa Cariño". Casi todas las que allí tabajaban era mujeres casadas pero tenían sus amantes en la fábrica.

El conceptos actual de "acoso sexual" no existía y nadie denunciaba semejante cosa. Sería un paria en ese ambiente. 

Había una sección en la cual, cuando llegaba una operaria nueva, una chica joven, las que llevaban años allí le aconsejaban que tuviera buenas relaciones con el jefe o el supervisor, si acaso quería progresar. 

Cuando alguien se iba a casar, las despedidas de soltero eran crueles. Y no exagero.

Los compañeros hacían suya una competitividad y jugarretas y bromas pesadas, en desmedro de otros. Era realmente un ambiente tóxico, como se dice hoy día.

Pude tener muy buenas relaciones con algún que otro jefe o supervisor. Con otros era mera formalidad, y a otros individuos los evitaba. 

Con la gente de administración, había compañeras y compañeros con los que me llevaba muy bien, pero eran la excepción.

Por otra parte, en aquel tiempo ya Uruguay estaba sumido en una fuerte división político-ideológica, más la acción deletérea de los Tupamaros, de los cuales había en la propia fábrica. 

Hubo paros y ocupaciones, y eso que teníamos dos dignos dirigentes sindicales, que trabajaban a la par de cualquiera: Jorgelina Martínez e Ignacio Rubén Huguet.

Pero llegué a un punto en que la fábrica me cansó.

 Cuando me iban a dar un ascenso y estaba previsto que pasaba a trabajar en la Administración, a las órdenes del Sr. Vitale, uno de los jefes, decidí renunciar.

Surge en medio de esa crisis una decisión que en el momento consideré vocacional, y eso me permitió estudiar tres años en dos, y obtener mi Bachillerato, y otros tres años en dos en Buenos Aires (donde nació mi hijo Juan Pablo), y obtener mi Licenciatura.

Cuando vine a Estados Unidos presenté mi documentación de estudio, y una institución acreditada para ello, al revisar todas las materias que había rendido y mis notas indicó que eran equivalentes a una Maestria. Y así fue el título que se me adjudicó. 

Milton W. Hourcade


 
 


 

 




Friday, August 19, 2022

CADA MOMENTO EN LA VIDA ... (segunda nota)

Del liceo pasé a Preparatorios en el Instituto Alfredo Vásquez Acevedo (IAVA).

Tuve que decidir qué seguir, y fue por exclusión. No quería elegir un curso que tuviera matemáticas. Entonces elegí abogacía, que tenía inglés --que me gustaba--, que tenía italiano --que ya conocía y había estudiado bastante-- que tenía filosofía --otra materia de mi preferencia-- literatura --otra más de mi gusto-- y agregaba historia universal, y en segundo año, historia nacional.

Director del IAVA, Prof. Artucio, Asistente de Dirección: Blas Logaldo.

Me propuse estudiar bien en todas las materias y progresar. 

La realidad se encargaría de demostrarme que algunos profesores estropeaban su materia en lugar de hacerla gustar y querer.

En primer año, era difícil mantenerse despierto un lunes de mañana, en aquellos salones grandes, carentes de calefacción, con un profesor de filosofía, de apellido Del Campo, que hablaba tan bajo que la gente se dormía en la clase. Era casi imposible oirle. Habría necesitado de un sistema de amplificación.

Por suerte en historia tuvimos a la profesora Fernández de Artucio (no sé si era la esposa o familiar del Director), y con ella la clase era más animada, hacía intervenir a los alumnos, y buena parte del año estábamos a la espera de que llegaran los Dorios, hasta que un día ocurrió.

En literatura tuvimos el privilegio de tener como profesor a Emir Rodríguez Monegal  (un experto en Shakespeare que luego y por tiempo se radicara en Inglaterra). A él le debo haber llegado a la fe.

Un día nos propuso leer en la Biblia un ejemplo de poesía (un salmo) y un ejemplo de prosa, nada menos que el Sermón del Monte.

Mi padre --como buen batllista-- era agnóstico. En mi hogar no hubo nunca una biblia hasta que yo fui a comprar una porque tenía que estudiar. 

En clase estudiamos el salmo y luego pasamos al evangelio. 

Pero dentro mío había un hambre y una curiosidad por entender más y saber más de este Jesús, cuyo Sermón del Monte me impactara.      Había un compañero con el que surgió una amistad, y con el que para los exámenes estudiábamos juntos, Raúl Freccero.

Salíamos uno de esos días del IAVA conversando con Raúl acerca de la fe, mi ignorancia al respecto, querer saber más, y en un árbol casi frente a la puerta de entrada del IAVA por la calle Eduardo Acevedo, adherido a un árbol había un cartel que decía: Campaña de Evangelización con el Rev. Oswald J. Smith, Palacio Peñarol, e indicaba días y horas. 

Sorprendidos por el hallazgo, decidimos ir. Raúl me acompañó dos noches, yo estuve tres.

Cuando Smith hizo un llamado a la conversión, y a que pasásemos adelante para ser guiados en oración por él, vi que había ujieres pertenecientes a diferentes iglesias evangélicas que acompañaban a quienes iban hacia adelante, entonces preferí quedarme en mi asiento, seguir desde allí la oración, y decidirme por el camino de la fe.

Al día siguiente, se me ocurrió ir a la iglesia más cercana al IAVA, que entonces era la Templo Emmanuel perteneciente a la Iglesia Metodista Episcopal. Se dio que al entrar a un jardín que tenía este templo, me encuentro con un hombre que estaba cortando algunas rosas. Iniciamos una conversación, y me dijo que el servicio en ese templo era en inglés, que era bienvenido si quería, pero si lo deseaba en español, debería ir  a la Iglesia Central, en Constituyende y Médanos,  calle que años después cambiara su nombre el de Javier Barrios Amorín.

Y así lo hice. El resto es historia.

De ese primer año, tengo dos recuerdos referidos a la materia de italiano. La dictaba una profesora, la señora Galetti. Una rubia elegante, un tanto alta, --típica italiana del Norte-- y lo destacado de ella, era que todas las clases y durante todo el año, vestía con ropa distinta. Nunca repitió ninguna, y eso era un comentario general porque hasta a nosotros los muchachos nos había llamado la atención.

Lo segundo que ocurrió fue que en determinado momento la profesora fue sustituida por un profesor de apellido Mastrangelo, que era tan uruguayo como cualquiera de nosotros. Y aquí pasó algo muy especial.

Cuando tenemos un examen final del año, primero había una parte escrita. Nos dio un texto a traducir, y nos aclaró que cuando aparecía la palabra Certosa --que designaba un lugar-- en un caso debíamos traducirla como iglesia, y en otro como cementerio.

Toda la clase lo entendió así, excepto una chica. No creerán ustedes si les cuento que toda la clase fue aplazada y sólo la chica aprobada. ¿cómo era posible que en poco más de 30 alumnos todos tuviésemos el mismo error y sólo una alumna hubiera traducido correctamente Certosa?

Evidentemente la chica se equivocó, o más bien, todos escuchamos bien lo que nos había dicho el profesor. Ella, equivocada, ganó, y todos perdimos. Hubo un revuelo tremendo, protestas en el mismo lugar del examen. Hubo artículos en algunos medios de prensa. Pero había que esperar a febrero.

En febrero vinieron a mi casa Raúl y otro compañero amigo, Edgardo Prado. Milton, "como vos sabés mucho de italiano pensamos que si entre los tres nos preparamos podemos salvar el examen." Les escuché y mi primera respuesta fue que estaban locos, que no había tiempo material de preparar ese examen. Que tan sólo del libro había 40 lecciones para traducir y distinguir lo que eran adjetivos, adverbios, tiempos de los verbos, etc.  Como insistieran, les dije que nos olvidáramos del libro y le diéramos fuerte a la gramática. Así estudiamos dos días. Cuando terminamos de estudiar nos fuimos al cine para distraernos. 

La mañana siguiente fuimos al IAVA, dimos el examen. ¡Los tres lo salvamos!. 

Ya al ir a Preparatorios perdí a mi incipiente novia, Ivonne Denis Giralt, que vivía en la zona del Parque Rodó. 

Porque yo tomé el turno de la mañana --continuando con lo que había hecho en toda secundaria--y ella no tuvo cupo de mañana y tuvo que tomar un turno de tarde. Y ese detalle práctico, rompió prácticamente nuestra incipiente relación. Me dio mucha pena. Era una bonita chica, rubia, de cabello algo enrulado, de preciosos ojos celestes, y mirada inocentona. Típica de  una chica seria y de su hogar. Me gustaba tanto físicamente como su personalidad.

La música de ese momento, que nos dio a conocer por cuentagotas"Nolo" Mainero con su programa "Música en el Aire"
a primeras horas de la tarde por Radio Sarandí, era "Little Darlin' " (Queridita), que el día que se puso a la venta el 78rpm me lo fui a buscar apresuradamente a una disquería llamada Magictone, cuyo local estaba en la calle San José casi Paraguay.  

De ese primer año, tengo un recuerdo casi traumático por culpa de un profesor que definitivamente actuó de manera totalmente injusta en el examen de Filosofía. Él dio Lógica, y casi al final del año dejó la clase, y vino un suplente joven, llamado Miguel Brun, con quien décadas después terminaríamos siendo amigos. Del Campo, el titular, antes de irse advirtió que en el examen se iban a incluir las "leyes de Windelbam y Rickert" que él no había dado. Que las estudiáramos.

Entre nosotros los jóvenes, había un hombre de más edad, que estudiaba y trabajaba, de apellido Acuña. Buen compañero. Cuando le tocó su turno ante la mesa, Del Campo le pregunta por las leyes de Windelbam y Rickert. Acuña --que ya había contestado varias preguntas de otros profesores y le estaba yendo bien-- le confesó que eso no lo había estudiado. Del Campo con sorna le respondió, ¿pero Ud. no recuerda que yo les pedí expresamente que lo estudiaran?... Tal vez yo falté a esa clase, profesor, pero pregúnteme de cualquier otra bolilla del programa...silencio, le dicen que tome asiendo. La mesa delibera, los otros dos profesores estaban satisfechos con las respuesta que había dado Acuña. La mesa decide entonces hacerle un segundo llamado, Acuña acude nuevamente a la mesa, y otra vez Del Campo le dice "hábleme de las leyes de Windelbam y Rickert". 

Aquello nos indignó a todos. Era una burla, una falta de respeto al compañero, y una evidente mala intención y falta de ética por el profesor. 

Y con esa falta de ética siguió. Recuerdo a otro compañero, algo mayor que el resto de nosotros. Siempre acudía a clase de traje, camisa y corbata. Luego supe que era periodista del diario "El País".Un muchacho muy correcto. Pasó ante la mesa, dio su exámen. La mesa entró a deliberar bastante, le llaman y Del Campo le entrega el carnet diciéndole: "Aplazado". El muchacho quedó como petrificado ante la mesa, no podía creerlo. Preguntó: "¿aplazado?"..."Sí" -le respondió Del Campo--que agregó con repugnante ironía: "¿no sabe leer?". Aquel alumno se dio media vuelta y se fue.

Como se seguía un orden alfabético, cuando llegó a la H me tocó mi turno. Dejo constancia que antes, todos los muchachos habían sido aplazados y todas las chicas aprobadas. Aquello más que insólito, era absurdo, pero indicaba una clara tendencia del profesor.

Yo había estudiado absolutamente todo. Estaba bien preparado. 

Los otros dos profesores me hicieron algunas preguntas que contesté sin titubear. Entonces Del Campo me presenta un hipotético cuadro de un accidente automovilístico, con testigos de un lado y de otro, y me pregunta: "aplicando el principio de causalidad, ¿quién fue responsable del accidente?"

El caso era algo intrincado, y me pareció lo mejor irlo desbrozando por partes hasta llegar al final. 

Cuando me hizo pasar, me entregó mi carnet, y dijo "Aprobado". Luego, miré mi carnet, y ví que antes ya había escrito "Eliminado" y que luego lo tachó y tuvo que escribir "Aprobado". 

Así siguió su sucio manejo del examen. Me quedé hasta el final. Cuando terminó todo y salía del salón, me alcanza el profesor y me dice: "Hourcade, Ud. habla muy bien", y le respondí secamente: "Profesor: yo estudié". Me di media vuelta y me fui.

En la próxima nota me voy a referir al segundo año en el IAVA.

Milton W. Hourcade



 

 

 

 

Friday, August 12, 2022

CADA MOMENTO EN LA VIDA…(primera nota)

Cada momento en la vida tiene su vivencia, su color, su aroma, su lugar.

Cuando pienso en lo que he vivido, recorro múltiples caminos y cada uno de ellos con su particularidad.

Mi niñez, donde hasta los 5 años y medio sufrí de las amígdalas, cuando el otorrinolaringólogo Dr. Pietra decidió operarme (y conste que entonces para este tipo de intervención no se podía usar anestesia).

El tiempo de la escuela primaria, donde hasta cuarto año fui a la Escuela No. 90 de Segundo Grado. Entonces no tenía nombre. Era un ámbito muy estricto impuesto por una Directora que controlaba a sus maestras con un sistema de conexión por radio. María Albina Panzi, que así se llamaba, casi daba miedo.

Cuando teníamos clase de gimnasia, era con el profesor Esperón, que tenía un programa en Radio Carve.

Cuando ensayábamos música, el Maestro Airaldi era nuestro Director. Airaldi era director de la Coral Guarda e Passa que preparaba sus conciertos en el Ateneo de Montevideo.

Completé primaria en la Escuela México No. 40, que era el turno de la mañana en el mismo edificio. Allí cursé cuarto año, porque mis padres se mudaron. Fue en ese año que aprendí a cantar el Himno Nacional de México, y a admirar el Jarabe Tapatío bailado en la fiesta de fin de año por una pareja de niños de sexto grado.

La maestra, María Rosa, un encanto, y tuve las mejores notas.

De ahí pasé a la Escuela Italia No.22 donde cursé 5to. Y 6to.

Comenzamos quinto con Cecy Da Rosa de Tanco, pero a poco de iniciar su tarea dejó la actividad por embarazo y vino una maestra suplente que siguió trabajando por todo el año lectivo. Se esforzó, trabajó bien, aprendimos.

Sexto año fue una culminación hermosa. Graciela Bonomi era una bella maestra, con gran experiencia en su tarea, y una estupenda capacidad de enseñar y hacer razonar. Mis sobresalientes lucían en todos mis trabajos.

Ese año tuvimos además clases de italiano, con el profesor Marchetti que enviaba la Embajada, y clases de francés con otro profesor. De éstas recuerdo que pasaba una música de Charles Trenet –famoso cantante de entonces—llamada “Douce France”.

Por su parte, la maestra nos dio clases de encuadernación, y muchas veces completaba una enseñanza proyectando un documental.

Mis sobresalientes me valieron que fuese becado para estudiar en el Liceo Italiano (una entidad privada). De toda la escuela fuimos 3 becados.

Finalizada la Escuela, junto con otros compañeros y jóvenes que habían egresado de la escuela mucho antes, participé activamente como directivo del Centro de Ex Alumnos. Organizamos kermesses, proyectábamos películas documentales para los chicos del barrio los sábados de tarde, y con el dinero recaudado de las kermesses donamos a la Escuela un proyector de cine.

La etapa siguiente será en Enseñanza Secundaria, que la inicié en el Liceo Italiano donde estuve dos años.

El profesor que más recuerdo es el de Idioma Español, Héctor Rey. Un excelente docente, con gran calidad humana. Su característica era que se armaba sus cigarrillos no con hojas de papel especial, sino con chala, y nos enseñó cómo lo hacía.

Trabajamos intensamente el idioma, la gramática, siguiendo la lectura de un libro de un célebre autor español: Vicente Blasco Ibáñez y su “La Vuelta al Mundo de un Novelista”.  Uno de los puntos a aprender y distinguir era entre un simil y una metáfora. 

Era la época en que los profesores podían fumar en clase. Eso me hace acordar de Juan Protasi, en la materia de música. Famoso Director de Música en Uruguay. Protasi era un fumador en cadena. Cuando estaba por terminar un cigarrillo, con el mismo encendía el siguiente.

Allí apendí italiano. En primer año tuve un estupendo profesor, de apellido Fontanot. Realmente echó las bases del idioma. En el segundo año, el profesor Marcianó nos hacía estudiar un libro llamado: “Epopea Omérico-Virgiliana” donde teníamos que leer los clásicos Homero y Virgilio, interpretar lo escrito e indicar los adverbios, adjetivos, etc.

Aprendí Latín con el Prof. Guido Zanier, que años después fue catedrático en la Facultad de Humanidades y Ciencias. Por entonces no hablaba muy bien el español pero se hacía entender. Ah! Aquellas declinaciones….nunca más usé ni me esforcé por mantener lo que había aprendido, pero en segundo año traducíamos cartas a Julio César, el emperador romano, sobre las guerras de las Galias.

Tuve luego el privilegio de inaugurar el hermoso local del Liceo público No.3, Dámaso Antonio Larrañaga, en la esquina de Jaime Cibils y la Av. Centenario. 

Además de recordar a algunos compañeros/as de tercero y cuarto, tengo en mi memoria a estupendos profesores, como la señora Verdad Risso de Garibaldi en Literatura, la señora Sheps de Porteiro, con la cual inicié mi aprendizaje de inglés, pero ella supo poner buenos cimientos. El profesor Washington Acerenza, en Física. Recién llegado de EE.UU. inauguró los exámenes con el sistema de múltiple opción, y daba estupendas clases. El Ing. Alquier en Geografia. De ese tercer año recuerdo a mis compañeros Rivera, a quien luego de años encontré como empleado de la Facultad de Agronomía, Naum Fucksman (nadador), Nahaverián, y las chicas como Marta Giovannone, e Ivonne Denis Giralt.

En cuarto año tuve el honor de tener como profesora de Historia a la Sra. Aurora Capilla de Castellanos. En Filosofía a Griselda Saponaro Gibernau, que dio Psicología. En Química al profesor Susena, que arruinó nuestra escritura a mano por lo rápido que dictaba apuntes. En cuanto a los alumnos, teníamos dos especiales: el egipcio Barbazogli, y rubio vistiendo moñita, al americanísimo Rosenthal (que aprendió a hacer dulce de leche a partir de leche condensada). 

Había dos alumnos que eran mellizos. Lamento no recordar su apellido, pero eran sobrinos del actor y director de radionovelas Humberto Nazzari,y nos habíamos hecho amigos, al igual que un alumno cuyo hermano se había radicado en Canadá, de apellido Prats, muy buen muchacho, también amigo. 

Y estaban las chicas.Yo tenía mi corazoncito por Ivonne Denis que había conocido en tercero. Me había hecho amigo de Ivonne Taltavull, y estaba la predilecta de todos: Silvia Brando, una rubia de ojos claros, con un andar muy especial, que se sabía admirada, pero a su vez, sabía guardar distancias. Años después supe que se había casado con un escritor uruguayo. El escritor luego se divorció y tuvo otras 4 esposas. 

Había una chica –Norma Colina-- que  era una estupenda compañera y tenía natural espíritu de líder. Vivía muy cerca del liceo. 

Ese año, como paseo de fin de año fuimos a Piriápolis (todavía estaba entero el trencito de Piria) y paramos en un edificio de Educación Física cercano al Argentino Hotel. Lo pasamos muy bien.

Organizamos un baile en el propio liceo que tenía un salón ideal para ello. El otro baile al que fui, ocurrió en el apartamento de Silvia Brando, en la calle Humberto 1ro. en el barrio del Buceo. De esa ocasión recuerdo que en un momento pusieron “Serenata a la luz de la Luna” de Glenn Miller, y casi apagaron las luces. Fue la primera vez que bailé mejilla a mejilla con Ivonne Denis. Algo inolvidable.

Si a través de esta nota, hay personas que fueron conmigo a la escuela o el liceo y gustan de hacer algún comentario, con gusto lo publicaré.

Milton W. Hourcade