Friday, August 29, 2008

¿CUÁL ES TU PROYECTO?


Esta fue una experiencia muy especial, y realmente muy interesante.

Ocurrió una tarde, en una de esas reuniones de balneario, donde varias amigas y amigos nos juntamos para pasar un rato ameno, charlando de mil cosas, y disfrutando más que nada el gusto de estar juntos.

El grupo era un tanto heterogeneo. Había jóvenes en sus veintes, gente en sus treintas y algunos en sus cuarentas. Yo era el más veterano de todos. Estábamos sentados formando prácticamente un círculo.

La conversación se prolongó por varias horas, y llegamos a un momento en que se me ocurrió preguntarle a uno de los presentes: ¿qué proyecto tienes? ¿cuál es tu proyecto?

Y me respondió que estaba considerando cambiar el automóvil que tenía, con ya 15 años de intenso uso, por un cero kilómetro. Una pareja jóven que estaba al lado respondió que pensaban casarse hacia fin de año. Un hombre de 46 años que les seguía en el circulo, dijo que estaba probando pintar cuadros y que la tarea le entusiasmaba así que iba a continuar intentando, y que por lo demás, seguia peleándola con su negocio…..

La rueda continuó más o menos en esos terminos. Alguien pensaba mudarse.
Otra pareja estaba buscando tener una criatura, un muchacho aspiraba entrar a jugar en un club de fútbol de primera división, y finalmente, cuando todos dijeron lo suyo, me tocó el turno.

Entonces les dije: todos han respondido, y se los agradezco. De paso, nos hemos enterado de múltiples ideas, aspiraciones, planes, pero…ninguno de Uds. respondió a mi pregunta…. Ví varios rostros de sorpresa.

Tal vez no fui suficientemente explícito, pero lo hice a propósito, para ver hasta dónde, quién y cuándo, captaba mi pregunta principal: ¿qué proyecto tienes? Que la reforcé con la segunda pregunta apuntando hacia el mismo objetivo: ¿cuál es tu proyecto?

No. Yo no les pregunté ¿qué planes tienen para mañana, o el mes que viene, o dentro de unos meses?, no les pregunté ¿qué van a hacer en el futuro inmediato, o qué se van a comprar? A todo eso respondieron ustedes.

Pero mi pregunta – y en forma bien individual-- fue: ¿qué proyecto tienes?

O sea, ¿cuál es tu proyecto de vida? ¿qué proyecto tienes para ti misma, para ti mismo? ¿qué quieres ser como persona y cómo piensas lograrlo?

Éste es el punto que me interesa destacarles: solemos confundir lo que debería ser nuestro proyecto personal, con una serie de aspiraciones, planes, pensamientos, sobre cosas generalmente materiales, o de acciones a emprender.

La pregunta apunta por el contrario, a la esencia de cada uno de nosotros. A tratar de autodefinirnos. A procurar responder ¿quíen soy, cómo soy, quién quiero llegar a ser, cómo puedo llegar? ¿quién soy para mi, y quién soy para los demás?

O sea, ¿qué proyecto tengo como ser humano para desarrollar mi personalidad y todos mis potenciales?

Esto por un lado nos lleva a inquirir ¿cómo y en qué usamos nuestro tiempo? ¿cuánto del tiempo de vida que tenemos nos lo roba –porque eso es lo que sucede, un robo— el imprescindible trabajo diario, que nos marca el ritmo cotidiano desde que nos levantamos hasta que nos acostamos? ¿cómo podemos entonces crearnos más tiempo para nosotros, cómo podemos aprovechar para nuestro ser propio, los fines de semana?

Hacernos tiempo para nosotros, entonces, parece ser un primer paso a dar.

Lo segundo es preguntarnos ¿qué hacer en y con ese tiempo? ¿cómo usarlo de la forma más inteligente posible para que nos sea del máximo provecho?

¿Cómo ven ustedes el hecho de que usemos apenas la capacidad de nuestro cerebro?, ¿qué diferencia sería que nos educásemos y entrenásemos en utilizar más capacidad, ciertas frecuencias de onda, de modo tal de producir otros resultados provechosos para nosotros y para otros? ¿cuán distinto sería si descubriésemos en nosotros mismos facultades y poderes que han estado adormecidos, esperando que les despertásemos?

Hay dos planos en que podemos encarar nuestra existencia: el plano material y el plano trans-humano.

Si nos quedamos en el mero plano material, probablemente el tiempo libre del fin de semana lo dediquemos a desquitarnos de madrugones, durmiendo más. Luego comiendo tranquilos y en abundancia, haciendo después una siesta, y despertando al atardecer, como para tirarnos sobre la arena y darnos unos chapuzones en el agua en la playa, matizados por mates y charla, para regresar a darnos una ducha, cenar y ver televisión.

Descubrí en el grupo varias sonrisas, que me estaban indicando que más o menos eso era lo que casi todos hacían, menos tres o cuatro.

Por supuesto, el domingo a más tardar hay que hacer las compras de rigor para la semana. La ida al supermercado, después puede que algunos vayan a una iglesia –se me ocurre que cada vez menos— al mediodía pasta, otra siesta, y el resto, como el día anterior, sólo que no va a haber tanta TV porque el lunes (¿quién habrá inventado el lunes, no?) hay que volver al trabajo.

Si en cambio vamos hacia el plano trans-humano, entonces el sábado no nos levantamos tarde, y comenzamos haciendo gimnasia, como para sudar bien y quemar bastantes toxinas. Nos sentimos livianos, elásticos, y bajo el agua tibia de una ducha, nos higienizamos bien.

Luego, fruta, cereales y leche puede ser nuestro desayuno. Sustancioso en vitaminas, pero frugal.

Entonces, en un lugar tranquilo, sin relojes, sin teléfono, a puerta cerrada si es necesario, para que nadie nos interrumpa ni moleste, preparamos nuestro ámbito de crecimiento interior. Encendemos un par de velas, un sahumerio, ponemos una música suave, a un volumen medio, nos relajamos muscularmente, ya sea sentados o acostados, cerramos nuestros ojos, aspiramos hondo una media docena de veces, exhalando lentamente el aire, y luego, dejamos que la música haga volar nuestro pensamiento. Imaginemos formas, colores, un vuelo….y luego concentrémonos en pensar qué queremos realmente ser, quién queremos ser.

No nos importe el tiempo. Podremos estar así una hora, o dos, cuanto lo queramos y nos agrade. Nos hemos desenganchado del mundo. Nos hemos introyectado. Estamos haciendo un viaje dentro de nosotros mismos.

Es bueno que la música esté preparada para que no se detenga en ningún momento. Si es sólo instrumental, mejor.

Finalmente, estiramos nuestros brazos y piernas, como cuando nos desperezamos, respiramos hondo tres o cuatro veces, pero exhalando normalmente el aire, lentamente nos incorporamos, elevamos en nuestra mente un pensamiennto de gratitud por el momento pasado, detenemos la música, apagamos las velas, dejamos que el sahumerio se agote.

Y luego de eso, podemos iniciar el relacionamiento humano con otros, la familia, los amigos, los vecinos, etc. pero seguramente que cada vez, cada día, va a ser distinto, mejor.

El cambio que se va a ir operando en cada uno va a ser imperceptible al principio, pero poco a poco, quienes nos rodean lo van a notar, y nosotros nos vamos a sorprender de nosotros mismos.

Y sin proponérnoslo podrán venir a nosotros ideas creativas, planes nunca antes pensados, se abrirán paso relaciones nuevas, inesperadas, y sentiremos esencialmente una armonía interior y un equilibrio como nunca tuvimos antes.

Y aún más, podremos descubrir que quizás, lleguemos a ser capaces –por ejemplo— de concentrarnos fuertemente en alguien a quien queremos ayudar, y de colocar nuestras manos cerca de esa persona, y de hacer que se sienta mejor, que le pase su dolor de cabeza, o que mejore de la dolencia que le aqueja.

O salvemos la vida de un bebé afectado por diarrea infantil.

Descubriremos entonces, que ha despertado en nosotros un poder latente, que estuvo esperando ser llamado.

Eso es una respuesta concreta a la pregunta inicial ¿qué proyecto tienes?, ¿cuál es tu proyecto de vida? ¿qué y quién quieres llegar a ser?

Recuerden: primero SER, luego HACER. Solemos estar tan tensos, tan apremiados, tan ciegos a nosotros mismos, que nos gatamos en el hacer, y nos perdemos de ser.


enigma

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