Wednesday, August 8, 2012

Cuando se nos arruga el espíritu

La noticia me llegó hoy, esta mañana, al abrir mi correo electrónico.

Mi hermano desde Buenos Aires, me coumunicó el fallecimiento de la última tía que me quedaba viva.

Violeta --hermana de mi padre-- la "tía China" como todos la conocimos, como lo fue para mi desde mi niñez, fue una mujer de temple toda su vida.

Tuvo que enfrentar muchas situaciones amargas, dificiles, que no es del caso citar aqui, pero su espíritu indomeñable le llevó a luchar y salir adelante.

Tal vez yo fui el sobrino que vio nacer y al que más disfrutó desde ese mismo momento.

Desde contarme cómo me bañaban de bebé, hasta mis primeros balbuceos, hasta chapurrear una mala palabra sobre la cual yo agregaba después "no dice"...pero la decía... en fin, mil anécdotas.

Como cuando llegaban familiares de Buenos Aires, que por entonces un autobús especial, los repartia casa por casa (¡increíble servicio que no hubo nunca más en Montevideo!) y ella me llevaba en brazos, muy orgullosa de mostrarle a los pasajeros y a los parientes recién llegados a su sobrino.

Ella tenía un gran cariño por mi, y admiración por lo que había llegado a ser en mi vida.

Estaba viejita ciertamente, pero seguía teniendo aquel temple de acero, aún con su voz cascada.

Inquisitiva, planteaba temas y preguntas con punta, de esas que se las traen. Asi era ella.
Tenía el talento innato de la familia de mi padre.

En su modesta vivienda ubicada en aledaños de la ciudad de Las Piedras, en el Departamento de Canelones, Uruguay, su rostro se llenaba de felicidad cuando uno la visitaba. El abrazo, los besos, y el cariño que dispensaba, eran su sello personal.

La "tía China" ha partido, me deja un vacío en el corazón.

La noticia me arrugó el espíritu. Este último verano que estuve en Uruguay no la fui a visitar, y me lo reprocho. Anduve por otros lados, en otras cosas.

Tenia planes concretos para hacerlo este verano que viene. Ahora, quedaron para nunca, o tal vez, para cuando trascendiendo este ropaje de carne y hueso, un día, nos encontremos en la eternidad.

Adiós querida tía, ¡hasta siempre!



enigma

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