Wednesday, April 28, 2010

CARTA PÓSTUMA A ALICIA

Mi querida Alicia, que estás en la Eternidad:

Sé que tu alma está al cobijo del Ser en Sí. De ello tengo la más absoluta certeza, y el sólo pensarlo da paz a mi espíritu.

Algunas cosas han pasado y están sucediendo desde que partiste.

Al momento de irte, besé tu frente y toqué tu mano, y tu cuerpo aún estaba tibio. Eso me causó una extraña impresión, como que no te habías ido del todo....o te ibas lentamente.

Habrás visto cuánta gente se reunió para darte una despedida desde acá. Los vecinos se portaron muy bien. Natalia y Edna no pudieron estar pues les tocó trabajar todo el fin de semana. Las encontramos luego en la tienda, y en tu nombre les obsequiamos un jarrón con flores. Ambas lloraron y se emocionaron mucho. ¡Realmente eras muy querida!

TaTanisha me hizo llegar ayer una tarjeta, y venía firmada también por María Sánchez.
Ambas estuvieron el sábado, también te querían mucho. La tarjeta habla de tu sonrisa y tu actitud siempre positiva.

Fui por BJ´s, pues tenía que comprar algunas cosas, y quería comentarte que esta vez sí, encontré la salsa de tomate Hunt en las latas chicas. ¿Viste? de la última vez que hablé con un empleado, se ve que las buscaron o repusieron. La gestión dio resultado. Sé que te alegrará saberlo. ¡Ahora hay salsa para rato!

Todo el material médico que había en cajas y que estaba intacto lo puede donar a una institucion internacional, que lo recibió con agradecimiento, pues les viene muy bien para su labor de suplir esos materiales y otros, a clínicas y países que las necesitan. Tenían el día que fui, cajas para enviar a Haití y a México. La organización me la sugirió Tracy, la asistente social del Capital Hospice. Tanto ella como Martine me llamaron por teléfono, y luego me enviaron una tarjeta firmada por ellas y el Dr. Willner.

Aquí han quedado las botellas de la Saline Solution usadas, las de peróxido de hidrógeno, varias cintas adhesivas, los guantes Curad, las bolitas de algodón, y aquella jeringa grandota para limpiar las heridas. Y cuando veo todo eso, no puedo menos que recordar los momentos pasados, las horas en que te colocaba las vendas, las almohadillas, el vendaje exterior, y luego el chaleco de mi confección.

Encuentro cosas tuyas, sacos, carteras, ah, ¡encontré el anillo de compromiso! y lo junté con el mío, pues los dos deben permanecer en un mismo lugar. Asi lo entiendo, espero estés de acuerdo.

El lunes y martes pasé bien. Pero este miércoles te he echado enormemente de menos. No he podido evitar llorar, y sentir tu ausencia.

Es el teléfono que no suena a media tarde en mi oficina para saber cómo va todo.

Es mi llegada a la casa y no escuchar tu voz preguntándome "¿cómo te fue?", son las corridas diarias escalera arriba y escalera abajo, para llevarte agua o los medicamentos, para llevarte comida y bebida, para atender tu pedido de yogurt o de fruta, que ya no realizo.

No estás. Aún está tu auto, que deberé vender, aunque me da lástima perderlo. Porque lo miro, y me parece que estás llegando en él. ¿pero para qué quiero dos autos, si con uno me alcanza?

En la oficina y a los vecinos ya les repartí unas tarjetas de agradecimiento por su presencia en el Servicio Recordatorio.

¿Viste qué dulce voz tiene Celestine cantando el Padrenuestro? Realmente me sorprendió cuando se acercó a mi para pedirme si le permitía cantarlo.

Ahora me quedan por enviar tarjetas de agradecimiento a quienes enviaron flores y quienes enviaron tarjetas a casa. Ya tengo hechas algunas, pero son muchas. Poquito a poco las iré preparando y luego tendré que ir al correo para enviarlas. No va a quedar nadie sin recibir un agradecimiento.

Durante tu enfermedad, recibía e-mails de las personas amigas y familiares a quienes les contaba cómo estabas. Y casi invariablemente, había un concepto y un deseo que fue casi un común denominador. A mi me decían: "fuerza". ¿Recuerdas que te lo comenté? Y hasta alguien recordó textualmente la frase "Que la fuerza sea contigo", de la Guerra de las Galaxias, ¿te acuerdas?

Contigo pasa algo similar, en muchas tarjetas, y en expresiones personales de cómo te recuerdan quienes te conocieron, hay casi un común denominador: te recuerdan por tu sonrisa.

Yo quisiera abrazarte, y besarte, y decirte que me arrepiento de no haber sido un mejor esposo contigo, pero me queda la paz espiritual de haber hecho por ti todo cuanto pude, aún venciendo limitaciones psicológicas propias, como aquello de no poder ver sangre, que tú sabes muy bien.

Me quedan tus reiterados agradecimientos por las cosas que yo hacía por ti, y yo te respondía: "si yo fuera el enfermo, tú las harías por mi". Y tú asentías.

Pero sobre todo, mi querida Alicia, me ha quedado para siempre la tarde en que haciendo un gesto con tu mano izquierda, desde la cama, me llamaste y cuando me acerqué, en tu voz trémula, me dijiste al oído, curiosamente en inglés: "I love you". Fue el mayor premio que hubiese podido obtener para mis desvelos por ti.
Y luego, ya en el hospicio, cuando en la tarde del jueves, el día que te llevaron para allí, tomé tu mano y te dije: "I love you", y me respondiste "I love you too".

Tal vez, no pudo haber mejor despedida que esa.

Recordé estos días aquellas palabras que escuché con voz masculina, en mi oído derecho, cuando te conocí en la Iglesia Metodista del Cerro: "ésta es la mujer para tu vida". Voz del Ser en Sí, pues no era la de nadie presente, ni nadie se acercó para decirme nada al oído.

Y en más de 39 años juntos, ciertamente lo fuiste.

No quiero imaginarme lo que significó para ti reencontrate con tu madre, que se fue antes que ti. Y con tíos y tías, y tu padre.

Disfruta ahora tu descanso eterno, en la Gloria del Padre, porque te lo ganaste aqui en la Tierra.

Quisiera que mi beso llegara hasta tí, con toda la ternura de mi alma.

enigma

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