Saturday, September 9, 2017

MALDAD EN AUMENTO DETERMINA MÁS CONTROLES

No se precisa tener muchos años de edad, para recordar y tener presentes tiempos en que se vivía con más libertad. Libertad de desplazamiento, libertad de acción, libertad de decisiones.

Hoy nos vemos cada vez más aprisionados y más controlados.
Hoy estamos más escrutados y analizados que nunca.

No lo experimentamos directamente de pronto, pero eso no quiere decir que no ocurra.

Y todo como consecuencia de un crecimiento exponencial de la maldad en el mundo.

Por ejemplo, el Congreso en Washington D.C. está rodeado de bloques en las veredas como para impedir que un vehículo se trepe a ellas o pudiese hacerse camino por alguna puerta. Eso no existía cuando llegué a EE.UU. y por muchos años.

Hay además calles intransitables excepto para vehículos de los legisaldores o empleados autorizados, y hay unas barreras a nivel del piso, que se levantan o bajan para dejar pasar a un vehiculo.  Eso tampoco estaba.

El edificio del Congreso por dentro podía recorrerse con libertad. Las veces que pude salir a la explanada sobre las  escalinatas que miran hacia la alameda, y desde allí tomar fotos.  Ya no es posible acceder a ese lugar abierto.  Pero aún más, pude recorrer los pasillos del Congreso, inclusive cruzarme con legisladores caminando por esos mimos pasillos.  Eso era lo normal en un país que hace de la libertad un credo. Ya no más.

La Casa Blanca se podía ver desde fuera, pero uno podía acercarse a sus verjas y tomar fotos allí. Ya no. Otra vez, bloques, calles cerradas, todo por protección.

Íbamos a tomar un avión, registrábamos nuestro pasaje, nos daban el pase de abordo, íbamos a la terminal correspondiente, y viajábamos.

Ahora, larga fila para el control de documentos, luego quitarse abrigo, zapatos, dejar alhajas, monedas, reloj y todo lo metálico, poner a disposición la laptop para revisación, pasar por el tubo de rayos X en el que poco menos lucimos desnudos, para luego poder acceder al avión. 

Son cosas que molestan, que hacen perder precioso tiempo, y que nos impiden deambular, conocer lugares y recorrer edificios como querríamos hacerlo. 

¿Quién tiene la culpa de todas estas restricciones? El terrorismo internacional, particularmente el yihadismo, los extremistas musulmanes, que no tienen problema en matar mujeres, niños y ancianos. Que no tienen problema en poner una bomba en una iglesia o en una sala de redacción. O simplemente en instrumentar a alguien que --con su cerebro alterado-- salga a acuchillar a cualquiera que encuentre a su paso, o planifique conducir un pesado vehiculo con el cual atropellar a la mayor cantidad de gente posible.

Así se manifiesta la maldad en el mundo que nos toca vivir. Y nosotros, los inocentes, los que no tenemos culpabilidad alguna de nada, pagamos lamentablemente las consecuencias.

Pero se nos controla en exceso. Google y sus  afiliadas relaciones hacen que Facebook, Twitter y otros sitios entén interconectdos entre sí. No tenemos libertad de expresión. Lo que escribamos puede ser visto por alguien que violará nuestra correspondencia y nuestra privacidad impunemente.  Para hacer eso --se nos dice-- quien lo haga tiene que pedir y lograr la autorización judicial previa. Pero se ha sabido que ha sido hecho masivamente, sin autorización ninguna.

Todos estamos fichados y controlados. 

Y hay mecanismos más sutiles.
Por ejemplo, es bien conocido un lugar de formación de parejas supuestamente creado por un Psicólogo, que con sonrisa bonachona y voz que quiere convencernos, nos sugiere utilizar su sitio web.

Hace tiempo un día me metí en ese sitio para ver qué era y como funcionaba.  A pretexto de hacer una combinación lo más perfecta posible entre uno y la persona buscada, este sitio web tiene innumerables preguntas muy personales. Ni las conté pero no exagero si creo que sean de 70 a100. Cuando empecé a ver el carácter de las preguntas, me planteé esta interrogante: ¿esto es para encontrarme pareja, o para el FBI o la CIA?  porque a mi juicio las interrogantes iban mucho más allá de lo razonablemente esperado en términos de la finalidad supuesta que es la de encontrar pareja.

Entonces, sospecho es un medio muy hábil, usado para conocer cómo siente y piensa mucha gente que acuda a ese sitio web, por cierto muy publicitado.

Otra cosa que se ha puesto de moda a pretexto de conocer los antepasados, o las raíces genéticas de uno, son pruebas de ADN. Envían un sobre en el que hay que devolver unos hisopos embebidos con la saliva, y ahí extraen el ADN y hacen una historia de qué porcentajes raciales tiene uno.

Usando un programa de National Geographic, mi hijo me obsequió ese servicio y envié mis muestras. Hasta el día de hoy lamento que me haya puesto en esa obligación, pues yo no tenía ningún interés  en saber qué porcentajes de qué etnia tengo en mis genes, pero ahora hay un organismo o más de uno que tiene de mi esos datos.

Bien es sabido que la policía especialmente forense trabaja con el ADN y por el mismo puede identificar a una persona. Así que esta es una manera solapada o sofisticada, de averiguar de uno el dato del ADN que no se registra nunca en ningún otro trámite que implique identificación.

¿A dónde terminan esos datos? ¿sólo en el archivo de la institución que los solicitó? Tengo derecho a tener mis serias dudas.

Si vamos a abrir una cuenta no sólo nos piden los datos personales, nos demandan usar una clave o contraseña bien complicada,y responder a media docena de preguntas para que --si solicitamos datos de nuestra propia cuenta, y lo hacemos por internet-- podamos demostrar fehacientemente que somos nosotros mismos.

¿Por qué pasa esto?  por los hackers que se han metido en cuentas ajenas y han podido tener acceso a datos bancarios y alzarse con millones de dólares en robos cibernéticos.

Vamos caminando por una ciudad, y aunque no lo notemos, hay cámaras por todos lados que nos están viendo y hasta siguiendo nuestros pasos. Y por supuesto, hay cámaras para detectar las violaciones de tránsito.

Y otra vez: ¿por qué?, 
porque entran mafiosos a un lugar, y se han cometido robos, secuestros, asaltos a mano armada, cuando antes no ocurrían ninguna de esas cosas. Y porque hay gente que conduce drogada o alcoholizada, y conductores irresponsables que son un verdadero peligro para el tránsito y especialmente para transeúntes. Otra vez, la maldad humana afectando a las personas que viven y hacen las cosas decentemente.

Ni qué hablar los controles para un partido de fútbol en un estadio (cuando hay responsabilidad de las autoridades y se hacen con  profesionalidad y efectividad) para evitar actos vandálicos, desmanes, peleas, narcotráfico, y otras actividades deleznables, en un lugar dedicado al deporte.

Suele ocurrir que cuando esos controles no se efectúan, siempre, siempre hay víctimas, y a veces en números elevados. 

Muchas veces la ausencia de controles (por ejemplo en antros nocturnos que han terminado en incendios con múltiples víctimas) es un derivado de corrupción de las autoridades que tienen que inspeccionar dichos locales para que mantengan su habilitación, pero no lo hacen, a cambio de coimas. 

Otra vez la maldad humana. Por un lado, en la desmedida ambición del dueño de un local que deja entrar más gente que la autorizada, o que expende bebidas alcohólicas cuando no debe, o tolera el uso de drogas ilegales, y con eso, obtiene mucho más dinero del que ganaría honradamente. Y por otro lado, quienes permiten que eso pase, a cambio de que les pasen periódicamente un dinero.

Otro ejemplo terrible de maldad. Los taximetristas suelen ejercer una de las actividades más peligrosas. Por un lado, les extorsionan, y si no les pagan algo a los criminales, les matan. Eso ocurre en lugares de México.

Les pueden hacer ir a barrios de criminales, y allí les despojan del vehículo, lo usan para delinquir y luego le prenden fuego, y al trabajador del volante lo matan para que no los denuncie. 

Estos actos de barbarie no ocurrirían o sucederían en mucho menor número si hubiese una policia lista a actuar, con la dureza y la eficacia necesarias. Bien equipada, y que se haga respetar. Cuando ello no ocurre, hay asociación para delinquir de parte de las autoridades que toleran que semejante cosas sucedan a manos de criminales, y éstos se saben inmunes para hacer lo que quieran. 

Otra vez, corrupción, cuando no, una ideología tan retorcida en sus "valores" que hace de los criminales víctimas, y de la gente decente, los integrantes de una sociedad culpable.

Vivimos pues controlados. Cuanto más desarrollada es la sociedad, más controles se aplican. Vivimos observados, espiados. Y francamente, la libertad se pierde poco a poco cada vez más, y la democracia se deteriora cotidianamente. 

Si hubiésemos dado desde el inicio una lucha frontal y hubiésemos derrotado al terrorismo como para no dejar ni  un resquicio del mismo, buena parte de las medidas de seguridad a que aludo al inicio, no harían falta.  Pero...eso no se hizo. Considero que faltó la voluntad política, la decisión y el disponer de los medios para hacerlo, y hoy estamos pagando las consecuencias. 

Por eso, la lucha contra el mal, es una batalla diaria, para restituir los valores que hacen a una ciudadanía libre y responsable. Que no necesita ser espiada, para comportarse como corresponde.Que conoce sus obligacions y las cumple sin necesidad de coerción. Que acata naturalmente la ley. 

Nuestro compromiso es ejercer el bien, llevar el bien a otros, hacer del bien un valor autentico en la sociedad.

Lo que la gran mayoría queremos es vivir en paz, y sentimos que estaríamos mejor sin tantos controles, si bien primero hay que derrotar totalmente a quienes por su maldad los hacen necesarios.


enigma
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