Monday, September 2, 2013

La amistad y la paz

 
¡Que bueno es cuando se puede decir que uno tiene paz, que uno está en paz!

Que esa paloma blanca con el ramo de olivo anida en el corazón, porque --en mi caso-- familiares, amigos y amigas, me proporcionan ese inefable don.

Siento latir el cariño de ellos/as por mi. Y no hay cosa que me haga más feliz que saberme querido, apreciado,valorado por lo que soy y por cómo soy.

Pero eso está reservado para quienes me conocen muy bien. No superficialmente, no de poco tiempo, sino de unos cuantos años. Para quienes saben de mi trayectoria en la vida a nivel público y privado; para quienes saben de los valores con los que me manejo: sinceridad, honestidad, transparencia, benevolencia, respeto, dignidad, responsabilidad, coherencia, cumplimiento de la palabra empeñada, todo lo cual genera una auténtica confianza básica, sin la cual es imposible vivir y convivir con los demás.

Mis amigos y amigas me respetan y me tienen un alto nivel de consideración. Y eso se gana, no viene dado.

Saben por ejemplo, que si prometo algo, no fallo, cumplo.

En una palabra, saben que pueden contar conmigo. 

Tengo una amiga muy querida, a la que conozco desde que nació. Hoy es una señora, con una hija adolescente, un muy buen marido, y no hay vez que yo vaya a Montevideo, que no me agasajen. Pero es lindo además recibir sus cartas por internet. No todos los días, pero periódicamente, escritas con una sencillez y espontaneidad que llegan al corazón. Es de esas personas que conmigo, escribe como habla. ¡Y eso me gusta!

Tengo otra gran amiga, con la que nos conocemos desde la juventud. Ella es consistente, no me va a escribir 15 cartas un día, y pasar semana y media sumida en el silencio. Pero me escribe metódicamente 3 cartas por día. Una en la mañana, otra en la tarde y otra en la noche. A veces hace alguna excepción, si tiene que contarme algo especial. Una cita médica, un viaje, lo que le ocurrió a alguien de su familia, etc. 
Pero sus tres cartas las espero cada día, y nunca falla, están siempre ahí. No es sólo una mera costumbre, es una voluntaria constancia que fortalece los vínculos de amistad cotidianamente.

Tengo un gran amigo, con quien he compartido muchos años de vida y actividades comunes. Con él tenemos una afinidad de ideas que resulta algo estupendo. Pensamos en tándem sobre muchas cosas y si bien a veces escribe para todo un núcleo de personas, muchas veces sus mensajes adoptan un tono coloquial y estrictamente personal y reservado para mi. Y esto --debo decirlo-- es recíproco. Así también muchas veces le escribo yo a él.

Otro amigo, cuya lealtad, honorabilidad y sentido solidario y fraterno descuellan, es quien allá en el lejano Uruguay, se encarga de administrar los dineros de mi anciana madre para que tenga todo cuanto necesita, además de la atención diaria en el Hogar donde habita desde hace años. La forma en que este amigo asumió ejercer ese acompañamiento de mi madre, con tanto cariño y devoción, excede todo cuando uno pueda esperar de alguien. Pero él es así, así es su personalidad, de esa "madera" está formado.

Y sería larga la lista de quienes son amistades genuinas, que se mantienen firmes, con quienes puedo verdaderamente contar. Ejemplos vivos de lo que significa ser amigos/as.

Todas y todos ellos, me proporcionan esa inigualable paz interior sin la cual es dificil vivir en estos agitados tiempos.
A todos, como lo digo siempre, les estoy más que agradecido. Soy con ellos y soy por ellos. Buena parte de quien soy se lo debo a todos ellos. Y juntos, seguimos caminando por la vida...compartiendo penas y alegrías, vicisitudes varias, triunfos y derrotas, pérdidas y ganancias, con confianza, sintiéndonos unidos, apoyándonos unos a otros, fortaleciéndonos y sosteniéndonos unos a otros. 

Porque no hay otra manera de ser verdaderamente amigos.
 
enigma

Textos protegidos por derechos de autor
             
 

No comments:

Post a Comment