Friday, November 29, 2013

VIAJERO DEL TIEMPO II

Continúo hoy con mi serie. 

Reitero lo que dije al iniciarla: Sé que a lo largo de este periplo voy a nombrar a muchas personas que quizás ya no estén con nosotros, que han partido hacia la eternidad. Pero me reconfortaría sobremanera si sus hijos, sobrinos, nietos, etc. pudieran reconocer a quienes nombro y si lo desean, se comunicaran conmigo. 

Mis maestras 

Después de la madre, la maestra era para nosotros, la mujer más querida, la de mayor autoridad, la que nos preparaba para el futuro.

El mero hecho de haber aprendido a leer y escribir, nos abría las puertas a la cultura en general.  A ello le añadíamos idioma español, historia, geografía, aritmética, geometría, dibujo, manualidades, y de la escuela primaria salíamos con valores que nos iban a acompañar de por vida. Y con herramientas básicas con las cuales continuar educándonos.

Mi primera escuela fue la No.90 de Segundo Grado, en Montevideo, Uruguay. De allí, recuerdo en especial a algunas maestras que significaron mucho para mi. 

La señorita Haydée, de primer año: con su paciencia de pasar banco por banco, tomarnos de la mano, y ayudarnos a trazar nuestras primeras letras, era sencillamente estupenda. Le rindo mi más que merecido homenaje y mi agradecimiento.

En tercer año, María Amalia era una especie de ángel. De modales suaves, muy cariñosa, nos impulsaba con su forma de ser a gustar de todo lo que nos enseñara. Nunca un enojo, nunca un grito o un gesto destemplado. ¡Maravillosa!
Ha quedado imborrable en mi para siempre.

En cuarto año, me tocó una maestra que no supo atender ni entender mi valor como alumno. Venia de tener excelentes notas, y esta persona me hizo repetir ese año. No recuerdo ni su nombre, sólo su nariz torcida. Varios padres se quejaron de que sus hijos habían sido enviados a repetir el año cuando tenían muy buena escolaridad hasta entonces. De ese año recuerdo a un compañero, Roberto Altez y a una chica rubia de cuyo nombre me he olvidado, pero no de sus rulos. Nos gustaba a todos sus compañeros. 

Ahí fue cuando en el mismo local escolar, pasé al turno de la mañana, donde la escuela era la No. 40 y se llamaba México. Ahí aprendí a cantar el himno nacional mexicano, y a ver bailar por los de sexto año, el Jarabe Tapatío. 

Mi maestra fue María Rosa, le hacia honor sus dos nombres. Y claro, pasé a quinto sin problemas y con muy buenas notas. Lástima que mi tiempo en la México fue efímero, pues mis padres mudaron de barrio.

La siguiente escuela en la que hice quinto y sexto, era la No. 22, Italia. Nieto de italianos por parte de mi madre, me gustaba mucho cantar canciones en ese idioma, incluido el himno nacional del país. 

Allí en quinto conoci a la maestra Ceci Da Rosa de Tanco, una bella morocha, con gran calidad como educacionista,que tuvo que dejar la clase pues estaba por tener familia. Vino una suplente por el tercio final del año lectivo. Todo fue muy bien. Pasé sin problemas a sexto.

Fue en quinto cuando conocí por primera vez y terminamos siendo grandes amigos, a Walter Cifarelli Larragoytia. Fue por esa amistad que conocí a sus padres, sus tíos y su abuelo. Estupenda familia.

A la señora de Tanco, que más adelante fue Profesora en Enseñanza Secundaria, la encontré después de décadas en un autobús. La reconocí y la saludé.

En sexto año, Graciela Bonomi se llevaba todos los aplausos. ¡Que estupenda maestra! Gran calidad para enseñar, para llevar una clase interactiva. Allí teniamos películas, venia un profesor de italiano enviado por la Embajada, y uno de francés. Teníamos además clase de manualidades.  Un grupo de sextro grado de los dos que había en ese momento, salió becado para proseguir sus estudios en el Liceo Italiano (entidad privada) debido a sus notas. Yo tenia todo Sobresaliente y fui uno de esos becarios.

No puedo dejar de recordar también a la Directora de la Escuela Italia de entonces, la señora Bibiana Mousampés, con quien fuimos en excursión al Departamento de Lavalleja. Una persona bondadosa, que sabía cómo dirigir aquella escuela.

Tengo que agregar que el amor por la escuela pública me llevó a que junto con otros ex-almnos de la Italia, nos organizásemos como grupo. En invierno dábamos cine gratis para los chicos del barrio y les servíamos chocolate caliente.

Además preparamos y presentamos obras de teatro, y lo recaudado por concepto de entradas lo volcamos en beneficio de la escuela. Así también contribuimos con kermesses y otras actividades. 

Hicimos posible que la escuela tuviera un proyector de cine que yo mismo aprendí a manejar, y un mimeógrafo. 

Reuniones de la directiva, toma de actas, deliberaciones, todo ello me fue formando para el futuro que me esperaba.

La lista de compañeros y compañeras que tuve sería larga, y francamente no recuerdo sus nombres. Pero de segundo año recuerdo a una niña rubia de apellido Gallinal. De cuarto año recuerdo a una chica que era sobrina de un Representante Nacional, y a otra con quien me fue muy grato encontrarme años después, que trabajaba en una librería en la calle Colonia, donde yo iba a comprar la Revista de la UNESCO. 

En sexto recuerdo al "gordo" Paquero, Carlos Polischuk (que llegó a ser Escribano), Martha Posesovsky, "Paquita" Tamarit, etc. Sé que puede resultar injusto que haya quienes no nombro, pero cuyos rostros me acompañan. Pueden tener la seguridad de que les recuerdo.

Fue para todos una época muy feliz. Se nos enseñó a ser personas de bien. A ser gente. 

 enigma
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