Thursday, January 28, 2010

CUANDO LA FE PUEDE MOVER MONTAÑAS

Hay circunstancias en la vida, que se nos hacen como una gran montaña delante nuestro.

Y al mirarla, somos además concientes de que no tenemos la capacidad para escalarla, que nunca hicimos algo parecido, que no aprendimos a hacerlo, y por tanto, la montaña se nos impone y nos apabulla, parece venírsenos encima.

Sabemos que hay personas que escalan montañas, y llegan victoriosas a la cúspide, pero en los miles de millones que habitan el mundo, son verdaderamente un grupúsculo ínfimamente pequeño.

Y entonces podemos quedarnos contemplando casi paralizados las circunstancias de vida, la situación específica en que nos encontramos, como quien mira una enorme montaña, impávidos, momificados casi, sin hacer nada.

Pero justamente es en esas situaciones extremas, cuando hemos sido totalmente superados, desbordados, cuando hemos agotado todos nuestros recursos, cuando como humanos hemos hecho todo lo posible, que se abre una perspectiva que –confesémoslo-- en general no la tenemos en cuenta en nuestro diario vivir.

Una perspectiva que está allí, abierta y disponible para nosotros desde siempre, pero que el diario trajín nos la oculta, nos la escamotea, no nos permite hacer tiempo para ella, o no tenemos la voluntad de hacerle tiempo pues nos distraen demasiadas cosas sin importancia, y devenimos en incapaces de concentrarnos en lo que verdaderamente importa.

Y esa perspectiva, que viene hacia nosotros, que nos convoca, nos invita y nos acicatea, es la fé. La fé en el poder Divino, la fé en un poder superior a todo. La fé en una capacidad de obrar milagros –por lo sorprendentes o inesperados--, la fé en que El Ser en Sí, es verdaderamente Todopoderoso, y que por lo tanto, puede hacer lo que nosotros no podemos.

El Ser en Sí viene a nuestro auxilio, cuando humanamente no tenemos más nada que hacer por nosotros mismos, excepto invocarle, llamarle, pedirle que nos ayude, y que con su poder, obre sobre la situación que nos abruma, para abrir un rayo de luz de esperanza, y más que de simplemente esperanza, una realidad nueva que sólo Él puede hacer posible.

El Ser en Sí, esa inteligencia y poder a escala cósmica que nos incluye, abarca y supera, que está detrás de todo cuando existe, es efectivamente capaz de obrar, de alterar, de modificar, de transformar la situación que nos aqueja y moritifica, en un ejemplo de su obrar, para dar testimonio luego, de los portentos que ha realizado, y provocar en otros, la misma fé.

Emmanuel dijo una vez a sus discípulos, frustrados porque no habían podido curar a un muchacho: “Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviéreis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible.” (Mateo 17:20).

Más bien que dudar del poder del Ser en Sí, debemos reconocer la poca fé que hay en nosotros, que no posibilita que ciertas cosas maravillosas sucedan.

Siempre me ha sorprendido que cada vez que Emmanuel curaba a alguien, le decía “Tu fé te ha salvado”. O sea, la fé es el canal, el camino, el vehículo a través del cual se hace presente y viabiliza el poder Divino.

Cuando abrimos ese canal, cuando orando con fe hacemos posible la acción Divina, el milagro puede ocurrir.

Como escribió alguien: “Dios pone la escena para permitir que su poder sea revelado a quienes desea ejercitar la fé del tamaño de un grano de mostaza. Todas las cosas son posibles con Dios.”

Yo doy testimonio de que El Ser en Sí obra milagros, no nos desampara, nos ama con un amor que no nos suelta, nos cuida y protege. Nosotros podemos deambular como tontos, apartarnos de Su voluntad, pero una y otra vez nos trae de nuevo ante Si, porque su amor es tremendo, es sobrecogedor, sobrepuja todo entendimiento.

Al Ser en Sí, no se le conoce intelectualmente. Se le conoce experiencialmente.

enigma

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