Thursday, January 14, 2010

SACANDO FUERZAS DE FLAQUEZA

La frase es bien conocida, y lo que ella implica también.

Pensando en ese tema, quise ver qué podía encontrar en la Internet, y hallé un escrito de un joven periodista que firma Tab Machado, y que escribió el texto que reproduzco a continuación, para la publicación "Últimas Noticias" del 7 de Agosto de 2009.

Por ser de justicia y corresponder a una norma ética elemental, aquí va la foto del autor, y el texto,que me parece muy inspirador. Vale la pena leerlo.

Sacando fuerzas de flaqueza…



Tab Machado

La gente por lo gene­ral ambi­ciona tenerlo todo en la vida: dinero, poder, una fami­lia feliz, ami­gos y, por sobre todo, nada de qué preo­cu­parse, nin­guna pie­dra que estorbe en el camino… Sin embargo los gran­des cam­bios de la socie­dad en gene­ral y del ser humano en par­ti­cu­lar, suce­den cuando se enfren­tan a duras derro­tas, a fra­ca­sos estre­pi­to­sos, a nece­si­da­des urgen­tes, por­que cada uno de estos fac­to­res actúan como pro­fun­dos moti­va­do­res del espí­ritu, insu­flando rebeldía y, sobre todo, for­ta­leza men­tal y espiritual…

Es lo que en psi­co­logía se conoce con el tér­mino de “resi­len­cia” ** o “la escuela de la adver­si­dad” ya que solo aque­llos que enfren­tan sus pro­pios mie­dos y acep­tan rena­cer desde las ceni­zas de sus pro­pios fra­ca­sos, son los que logran hacer una dife­ren­cia en la vida. En cam­bio aque­llos que no sufren, aque­llos que no pasan nece­si­da­des, aque­llos que no cono­cen el reverso de la moneda de la for­tuna, son como arbo­les con poca raíz, que cuando llega un tem­po­ral los derriba con gran faci­li­dad y los deja sumi­dos en la deses­pe­ra­ción, sin tener armas para defen­derse ante el pri­mer infortunio.

Cuenta una his­to­ria real que Paga­nini era un músico excep­cio­nal, algu­nos decían que era un genio, otros, que era sobre­na­tu­ral. La rea­li­dad es que las notas mági­cas que salían de su violín tenían un sonido dife­rente, por eso nadie quería per­der la opor­tu­ni­dad de ver su espectá­culo. Una noche, el mismí­simo Madi­son Square Gar­den de Nueva York estaba repleto de admi­ra­do­res, pre­pa­ra­dos para reci­birlo. La orquesta entró y fue aplau­dida. El direc­tor fue ova­cio­nado. Pero cuando la figura de Paga­nini sur­gió triun­fante, el público deliró. Paga­nini colocó su violín en el hom­bro y lo que suce­dió a con­ti­nua­ción fue indesc­rip­ti­ble. Los acor­des musi­ca­les parecían tener alas y volar con el toque de aque­llos dedos mara­vi­llo­sos… de repente, un sonido extraño inte­rrum­pió el ensueño del público asis­tente, una de las cuer­das del violín de Paga­nini se había roto.

El direc­tor paró, la orquesta se detuvo, el público quedó en silen­cio pero Paga­nini con­ti­nuó tocando, mirando su par­ti­tura como si nada hubiera ocu­rrido, él con­ti­nuó extra­yendo soni­dos deli­cio­sos de un violín con pro­ble­mas. El direc­tor y la orquesta, admi­ra­dos, vol­vie­ron a tocar y el público se tranquilizó.

De repente, otro sonido per­tur­ba­dor atrajo la aten­ción de los asis­ten­tes, otra cuerda del violín de Paga­nini se aca­baba de rom­per… el direc­tor paró de nuevo y la orquesta se detuvo otra vez, pero Paga­nini siguió con el con­cierto como si nada hubiera ocu­rrido, se olvidó de las difi­cul­ta­des y con­ti­nuó arran­cando soni­dos impo­si­bles de su violín de dos cuerdas.

El direc­tor y la orquesta, impre­sio­na­dos, vol­vie­ron a tocar, pero el público no podía ima­gi­nar lo que iba a ocu­rrir a con­ti­nua­ción. Todas las per­so­nas, asom­bra­das, gri­ta­ron cuando la ter­cera cuerda del violín de Paga­nini se rom­pió. El estu­por fue total, el direc­tor y la orquesta se detu­vie­ron una vez más, como la res­pi­ra­ción del público, que pensó que el con­cierto había lle­gado a su final… pero Paga­nini siguió…

Como si fuera un con­tor­sio­nista musi­cal, arrancó todos los soni­dos posi­bles de la única cuerda que que­daba en el violín. Nin­guna nota fue olvi­dada. El direc­tor, embe­le­sado, se animó. La orquesta se motivó y el público pasó del silen­cio a la eufo­ria, del pánico al delirio…

Paga­nini alcanzó la glo­ria y su nom­bre per­dura a través del tiempo por­que él no solo fue un vio­li­nista genial, sino que pasó a ser el sím­bolo del pro­fe­sio­nal que con­tinúa ade­lante aun­que todo el mundo diga que es imposible…

Por eso, si la vida te enfrenta a pro­ble­mas, recuerda el ejem­plo de Paga­nini y cuando tus cuer­das se rom­pan, haz como él: sigue ade­lante con Fe. Los sue­ños y el triunfo están delante de ti y si paras, nunca los alcan­zarás. Dice un dicho popu­lar que triun­far es el arte de con­ti­nuar, cuando otros deci­den parar… De ti depende…

enigma

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