Sunday, November 4, 2012

¿Por qué la gente cree?

El tema que planteo hoy no es fácil, y es algo que viene preocupándome crecientemente.

Al amparo de una religión cristiana decadente en todas sus formas --ya sea el catolicismo, cuanto el protestantismo y la ortodoxa--  han surgido innúmeros sustitutos, que no vienen a llenar sino un vacío fundamental:  el ser humano es por naturaleza alguien que cree, que necesita creer, que tiene la tendencia innata de creer.

Si ha perdido su creencia en Dios tal cual se lo han presentado tradicionalmente las formas religiosas que ha conocido, caerá --sin ser consciente de ello-- en un sincretismo, en que abrazará un "complemento" que le hará más razonable su creencia, que le hará aceptarla más racionalmente que antes. Ese complemento puede ser el Mormonismo. 

Esa distorsión puede ser la de los que se llaman a sí mismos "Testigos de Jehová".

Ese complemento puede ser tan peligroso como la mal llamada "teología de la liberación", que en realidad era un sincretismo entre fé cristiana y marxismo, lo que dio como resultado --particularmente en América Latina-- a un cóctel verdaderamente explosivo que se manifestó concretamente en la guerrilla y el terrorismo rural y urbano. 

Con ciertos individuos funcionando como "gurús" de esta nueva forma "religiosa", (algunos sacerdotes católicorromanos y pastores protestantes), esa forma de creencia tiene a sus nuevos ídolos, tales como Fidel Castro, Camilo Torres, o Ernesto "Ché" Guevara.

Obvio es decir que es una deformación grosera y deliberada de la verdadera expresión de fe religiosa, y que --como en los jihadistas musulmanes actualmente, respecto de las enseñanzas de Mahoma-- es una expresión brutal, exacerbada y deletérea de lo que ya no es religión, ni vida de fe, donde no existe piedad, ni caridad, ni amor sacrificial, sino violencia, odio y destrucción, elevados al grado de ¡"oración"! Esta deformación monstruosa, afortudandamente ha ido quedando al margen, porque el tiempo no pasa en vano. Y aquel llamado setentista a una especie de gran revancha violenta contra la sociedad, ha degenerado hoy en regímenes totalitarios, aliados del narcotráfico internacional.

Pero hubo mucha gente que en su momento creyó en ese "proyecto de vida", en esa "lucha" y en esa interpretación deliberadamente retorcida y alterada del texto bíblico y su aplicación práctica a la vida cotidiana.

Hay una religión cristiana que fracasó, --ya ni hablemos de las posturas ultra-conservadoras, las sostenedoras de las grandes corporaciones, de un status-quo socialmente injusto y racialmente discriminador--  a lo que se sumó el escándalo de la pedofilia, con lo cual las iglesias (y en particular la católicorromana) perdieron autoridad moral, y quedaron a expensas del cuestionamiento público y la desconfianza generalizada.

Al amparo pues de ese vacío, el ser humano que lleva en sus genes la búsqueda y necesidad de creer, se vuelca en remedos de la auténtica fe.  Entonces ocurren nuevos sincretismos, no ya con ideologías desarrolladas, sino con fenómenos extraños, con extraterrestres, con mundos intraterrenos, con fantasmas y espíritus, con supuestas comunicaciones telepáticas, y con contactos y viajes al espacio en naves alienígenas.

O bien aparece un gurú de la India, con unas practicas sofisticadas o algo extrañas, o una especie de curandero que obra "milagros", o una sustancia --desde agua de determinado lugar a sales o polvos de no se sabe a veces qué-- que prometen ser curalotodos.  Y la gente....--para mi desesperación y dolor--, cree.  Cree en esos estafadores bien organizados, en esos cuenteros con calidad para hacer sus relatos, en esos verdaderos charlatanes de feria, que les ofrecen panaceas inaccesibles e imposibles en la realidad.

Pero la gente ni siquiera se detiene a analizar las cuentas millonarias que esos individuos manejan, no se pregunta cómo es posible que vivan viajando por el mundo permanentemente, alojándose en los mejores hoteles, siendo recibidos con pleitesía por sus acólitos que les tratan como superiores, a quienes veneran y están dispuestos a servir.

Y caen con una inocencia digna de mejor causa.

En el fondo, quieren creer que no están solos. Necesitan creer que hay unos ángeles, guías, superiores, o como se les llame, que están ahí, que está aquí entre nosotros, que a veces y a ciertos individuos privilegiados --los explotadores de esa fe tonta-- se les presentan, o manifiestan, o a través de ellos envían mensajes. 

Y creen, quieren creer, necesitan creer.

Unos a otros se retroalimentan en la fantasía, en el entusiasmo, en lo que consideran que ellos "saben" y otros ignoran. Se regodean en eso, y se felicitan mutuamente. Aceptan un mito y pretenden que sea realidad.

Esto en el fondo es una rebelión de los ignorantes, contra la sabiduria, contra la ciencia que les resulta dura entender, y contra la tecnología que mayormente desconocen.

Sus actividades, reuniones, encuentros, congresos, conferencias, no son más que verdaderos masajes masivos, para mantener los mitos, y proveer más elementos para aumentar la cantidad de adeptos a estas nuevas formas espurias de creer. Son acontecimientos planeados de exprofeso para reafirmar y fortalecer los vínculos de manipulación, dominio y servidumbre.

Nada de eso sirve a nadie y para nada. Es un desperdicio de dinero, de tiempo, y lo peor y más triste, de seres humanos totalmente despistados.

También, aparecen formas más sofisticadas de pseudo-ciencias, de expresiones aparentemente científicas que en el fondo no tienen sustento básico razonable y aceptable. Que no sólo no integran la corriente general y fundamental de las ciencias, sino que se apartan y enfrentan a ella, para pretender fijar otros parámetros, otros principios, otras pautas a regirse. 

Algunas de esas pseudociencias adoptan nombres pomposos como "exopolítica", pero no son --nuevamente-- más que superestructuras de manipulación y sometimiento de las masas, a tonterías y supercherías pergeñadas, inventadas y puestas en práctica, a partir de proyectos elaborados en oganismos de Inteligencia.

Creo que es deber de todo ser humano que se respete a si mismo y ame a su prójimo, a otros congéneres, estar consciente y alerta de todo esto. No dejarse manipular, y oponerse militantemente a esa manipulación. No importa que a uno lo califiquen de escéptico, o que algunos individuos irrespetuosos e inescrupulosos sean capaces de echar al vuelo difamaciones de diversa índole. 

Estas verdades hay que decirlas con firmeza y sin miedo. 

Estas verdades tienen que calar hondo en todo ser consciente, razonador, perspicaz.

No se puede ser tan tonto, como para dejarse engatusar y manipular por inescrupulosos estafadores, que --para decirlo claramente--  se llevan el dinero, y viven a expensas de los crédulos que les siguen.



enigma
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