Thursday, April 4, 2013

La confianza: base de la relación humana

Hay una frase cínica que dice: "La confianza mata al hombre". 

La revierto con absoluta convicción, y digo: la desconfianza destruye al ser humano.

Y ello es elementalísimo: no podríamos vivir si no estuviéramos confiando plenamente. Confiando en que vamos a seguir viviendo, confiando en que no nos va a ocurrir nada malo.

Confiando en el piloto del avión --a quien no conocemos-- o en el conductor del taxi o del bus al que menos conocemos aún, aunque le veamos su rostro o leamos su nombre.

Confiamos en el contador que nos habla de nuestras finanzas. Confiamos en los maestros a quienes entregamos nuestros hijos por horas cada día.

Y en esas confianzas que van más allá de toda racionalidad, de todo conocimiento previo y a fondo de las personas con las cuales tratamos, somos en cierta manera como niños.

Hace años, en un programa de radio, dije que los niños eran realmente nuestros mayores. Que tenemos que aprender de ellos, en su inocencia, en su espontaneidad, y en su confianza. 

Los niños no tienen segundos pensamientos respecto de sus padres, hermanos o amigos. 

Nosotros tampoco deberíamos tenerlos. No se trata de obrar a tientas y a ciegas, ni de ser tontos crédulos de cualquier cosa.

Pero se trata de no pensar mal anticipadamente, de no elaborar pre-juicios sobre alguien, y de que si algo nos causa una duda, claramente lo planteemos y la hablemos "a calzón quitado". 

Acabo de enterarme de un experimento científico que conectó los cerebros de dos ratas, de modo que lo que sentía una, lo sentía la otra. 

Muchas veces he dicho ¡qué extraordinario sería si pudiésemos interconectar nuestros cerebros, de tal manera que la otra persona tuviese la absoluta certeza de lo que pensamos y sentimos de ella, o sobre algo que le concierne". Evitaríamos muchos malentendidos, mucha situación enojosa, comprenderíamos los errores cometidos, pero no por malicia sino por la sandez que a veces nos acucia. Y con ello, habría más armonía.

Pero como ello no es posible, el único mecanismo que sigue siendo válido es el de la confianza.

Claro está que la confianza se construye, y crece en la medida en que más demostraciones damos de que verdaderamente se puede creer en nuestra palabra, medio por el cual expresamos lo que pensamos y lo que sentimos.

Pero, a veces el sentimiento que nos embarga es tan intenso, que las palabras se quedan cortas, y no alcanzan para manifestar diáfanamente y en su total magnitud cuanto sentimos. 

Por eso la palabra adquiere importancia, por eso lo que decimos verbalmente, o escribimos asume el papel de un testimonio por el cual incluso se nos puede juzgar.

Por eso, la palabra empeñada hay que cumplirla, si lo que nos preocupa es ser aténticos, responsables, confiables. Si queremos edificar confianza en nuestras personas.

Errores cometidos pueden llevar a mellar la confianza que otros nos puedan tener. Hay que enmendarlos, hay que subsanarlos, y hay que corregir la conducta de modo de gestar nuevamente confianza y superar esas circunstancias negativas. Ello es totalmente posible, realizable.

La confianza se nutre de una buena parte de fe. Fe en el otro, en la otra. Fe en que no nos está ocultando, mintiendo o escamoteando cosas. Fe en que se relaciona con nosotros sinceramente.

La sinceridad es el tono en que se expresa nuestra persona para dar confianza.

He internalizado en mi una frase que siempre me decía mi padre: "la mentira tiene patas cortas", no puede sostenerse por sí misma por mucho tiempo. Claro que una persona mentirosa consuetudinaria, irá para adelante con su mentira contra viento y  marea. Pero quien no es asi, y de pronto inventa o crea una situación que no es real, para no verse comprometido en algo, o para evitar que otra persona se preocupe o sufra, no puede sostener por mucho tiempo su relato. A corto plazo el mismo se derrumba.

Claro que la pesona queda un poco maltrecha, porque fue un error el que cometió. Con las mejores intenciones, erró el cálculo y no midió las consecuencias.  Es subsanable, pero en el momento puede tener un costo de padecimiento. 

Por eso, la sinceridad total, la apertura total, la transparencia y una conducta discreta,  capaz de guardar secretos, es lo que fundamenta la confianza.

Por distintas actividades desplegadas, a lo largo de mi vida he debido y sabido mantener muchos secretos. Secretos de los cuales nadie --ni los seres más allegados en mi familia-- se enteraron nunca.  Hoy sigo en esa misma actitud y tesitura.

Me enorgullezco en tener a un distinguidísimo científico como un verdadero amigo. Me ha confiado cosas muy especiales, que jamás he compartido con nadie, acatando su pedido en tal sentido. Porque he dado muestras cabales de proceder de esa manera, me ha seguido confiando información totalmente reservada.

Así se procede para generar confianza y mantenerla.

Otra persona amiga, me ha formulado por su parte otro pedido especial,  y llevo meses teniéndolo en cuenta y demostrando cada dia que lo cumplo a cabalidad. Así  se edifica confianza. 

Sé que muchas personas que me conocen bien, confían en mi. En quien soy, en cómo actúo, en cómo pienso y siento. Podrán o no discrepar con algunos conceptos que manejo, pero saben de mi autenticidad y sinceridad. De mi rectitud de procederes. 

Eso, al fin y al cabo, es lo que cuenta. 


enigma
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