Sunday, April 14, 2013

Paciencia y comprensión

"Señor, dame la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las cosas que puedo y sabiduría para poder diferenciarlas."  Reinhold Niebuhr - Teólogo

El cambio, la dinámica, la transformación, parecen ser las constantes de la vida, en tanto que quedarse con lo conocido, no modificar nada, el  conservadurismo rígido, son sinónimos de una quietud que implica la muerte.

Claro que hay que tener "valor para cambiar las cosas" que pueden (y me gustaría subrayar ese "pueden") ser cambiadas.

Ocurre que a veces surge un miedo irracional que atrofia toda decisión y toda acción. En una palabra, es el triunfo de thanatos (la muerte) sobre zoé (la vida).  

Ese miedo paralizante impide todo progreso. Es no tener confianza en uno mismo y en que el mañana diferente, distinto, es posible, y puede hacerse realidad a poco que uno se empeñe en procesar el cambio.

Quedarse en lo conocido, estancado, sin un horizonte diferente, sumido y devorado por la rutina diaria, es dejar trozos de vida cada día, desperdiciados. Trozos que nunca más volverán.

El Maestro Jesús nos enseñó algo fundamental: hay que jugarse por aquello que uno siente intensamente en su corazón, por aquello que no conoce razones de otros sino las propias, por aquello hacia lo cual todo nuestro ser, íntimamente,  nos grita: ¡ve!

Frenarse, echarse para atrás, abandonar la causa, el arrojo, el valor, la valentía de forjar el futuro, es afirmar el no-ser, es negar el impulso vital, es la muerte. 

Sólo jugándose hasta las últimas consecuencias --si ello es necesario-- es posible la resurrección y la vida.

Hay gente cobarde, que prefiere quedarse en el molde, acomodarse a las circunstancias tal cual son y le son dadas, no resistir, no enfrentar, no luchar, no ir en pos de lo nuevo. Esa gente está vencida de antemano. 

Cuando se tiene fe, cuando se tiene confianza en que el Ser en Si jamás nos abandonará, cuando se tiene seguridad en uno mismo, nada hay que temer sino al temor mismo (dijera brillantemente el Presidente Franklin D. Roosevelt).  

Avanzar, superar obstáculos, tirar abajo barreras, cualesquiera sean éstas, (legales, socio-convencionales, tradicionales, presiones familiares o cercanas), seguir los dictados de los sentimientos, de nuestra convicción más íntima, ser honestos con nosotros mismos, esa es la única manera de proceder con dignidad.

No hay que busar chivos expiatorios, ni esgrimir excusas. Nada ni nadie puede detener una fuerza tan imponente y arrolladora como el auténtico amor.

Nada ni nadie puede detener un sentido solidario, que nos lleva a hacer el bien, en procura de una vida mejor para los seres que amamos.

Ningún presunto trauma, por un cambio de situación, puede poner un obstáculo insoluble hoy a lo que mañana será seguramente un drama de dimensiones.

Dicho todo esto, sólo me resta expresar que hay situaciones en que las condiciones objetivas y subjetivas --para usar un lenguaje familiar a algunos-- están dadas, están maduras, falta actuar.

Pero...tiene que ser un movimiento bien planeado, bien orquestado, de conjunto. Implica mover varias piezas en el tablero de ajedrez, y a veces hay que munirse de la paciencia necesaria y de la comprensión imprescindible, para darse tiempo de convencer a quien debe hacer el movimiento, para que finalmente lo haga.

Esa paciencia nos llevará a desiluciones momentáneas. Nos llevará quizás a ser malentendidos, despreciados o insultados. Y sin embargo, seguiremos ahí, firmes, sostenidos por nuestra convicción de que el cambio que se requiere es posible, es viable, es realizable.

Pero demanda de nosotros algo más que paciencia: la comprensión. La comprensión del miedo de otros, de la incertidumbre que les sobreviene, de la falta de confianza en sí mismos, de la falta de confianza en uno, de ese miedo a lo nuevo que --claro!-- no se ve porque aún no está, no se ha hecho realidad. 

La única manera de visualizarlo, es empezar a andar el camino, empezar a marchar, empezar a avanzar con paso firme hacia lo nuevo, y no volver la vista atrás. 

Esa es la alternativa de vida, vida intensa, vida con audacia, vida abundante. Es la alternativa que culminaremos festejando en victoria.

Lo viejo, lo rutinario, lo desgastante de cada día, lo que hemos soportado por décadas, lo de ayer, lo que tiene que quedar atrás, no sirve. Es la muerte.

Ojalá que cada quien aplique esto a su situación existencial concreta, y que estas palabras le sirvan de aliento para cambiar lo que puede ser cambiado, y le den impulso para marchar hacia adelante, teniendo paz en su corazón.

 
enigma

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