Tuesday, April 19, 2011

La Semana Santa y un pueblo latinoamericano…

Me he hecho la obligación de escribir cada día en mi blog.

Después de todo eso es un blog, una especie de libro de bitácora.

Ayer puse punto final a un año de luto, a un año de adecuación a la nueva situación de soledad, de una compañera que ya no tengo, y cuya ausencia he echado de menos múltiples veces. A un año con momentos depresivos, de angustia, de todas esas cosas que los psicólogos dicen son normales ante la pérdida de un ser querido.

Ahora, mirar para adelante es mi meta, vivir el presente, es mi objetivo, y aguardar nuevas y estimulantes experiencias es lo que busco. Entre medio, reconstruir mi vida, si el Ser en Sí me lo concede.

Y mientras tanto, continuar trabajando y cultivando las amistades que son muchas y esparcidas por el mundo.

Viajar cuando pueda –trabajando no se puede mucho—y conocer nuevos lugares, nuevas personas.

Esta es una semana muy especial.

Hay un pueblo en América Latina que le ha dado históricamente la espalda a la quintaesencia de esta semana. Allí esta semana se llama de múltiples maneras, menos Semana Santa.

Y no está compenetrada en el espíritu de ese pueblo la Semana Santa. Y tal vez por eso mismo, ese pueblo vive de conflicto en conflicto, de enfrentamiento en enfrentamiento, de discordia en discordia.

Ese pueblo tiene un trauma psicológico con lo político-social. Ese pueblo sufre creciente violencia criminal, y no tiene ni ve salida…

En ese pueblo habita un grupo de gente que bajo el pretexto de “justicia”, lo que anida en sus corazones es sólo un irrefrenable deseo de venganza.

Ese pueblo otrora feliz, orgulloso de su cultura y su nivel de educación entre los pueblos de América Latina, se ha ido quedando atrás.

Hoy es deficitario en prácticamente todos los aspectos, excepto por ahora en las finanzas, y eso debido a una coyuntura internacional que en cuanto cambie le va a hacer ver su propia realidad.

En resumen es un pueblo que no vive feliz, ni conoce la paz. La paz de los corazones, la paz social, la paz entre vecinos, la paz en el deporte, la paz en lo laboral, la paz que surge de algo que las iglesias se olvidaron por completo de predicar allí: la reconciliación nacional.

Ese pueblo, de apenas 3 millones de personas, vive en Uruguay.

enigma

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