Monday, March 9, 2015

LA SATISFACCIÓN DE ENTENDERSE



No se trata de que uno no tenga suficiente educación o cultura, o conocimiento de las reglas elementales del trato correcto, de cortesía, y normas de conducta social.


Pero las relaciones entre los seres humanos van mucho más allá de eso, y exigen de cada uno de nosotros mucho más que esas cosas básicas y elementales.


Es necesario entender a la otra persona. No verle, ni juzgarle, ni considerarle de acuerdo a lo que somos cada uno de nosotros, sino a lo que es esa persona única, y determinada.


No sólo tienen que entrar en consideración las diferencias en edad, sino también el ámbito en que la persona nació y creció, la cultura a la cual pertenece y está inserta, etc. 


La escala de valores, la apreciación de las cosas de la vida pueden ser muy diferentes a las nuestras, y es natural nuestra tendencia a que lo nuestro es lo mejor o lo correcto, y lo otro no. Pero la realidad nos muestra que nos equivocamos y mucho si pensamos y sentimos así.


La realidad nos dice que es nuestra obligación tener en cuenta toda una pléyade de factores diferentes que son parte integral de la otra persona, para comprender que –más allá de que usemos un mismo idioma,  o un idioma con el cual podamos comunicarnos, como el inglés, por ejemplo— las idiosincrasias son totalmente diferentes. 


Sólo una vez que hayamos internalizado esto, estaremos realmente en condiciones de un diálogo y una empatía que hará que avancemos y profundicemos en nuestra relación humana, para enriquecerla cada día, para elevarla al grado de la amistad, o aún más. 


Y el factor tiempo, hace lo suyo.


Por cierto también que no hay cosa más grata y que nos dé una sensación de mayor compensación, que cuando llegamos a ese grado de entendimiento de la otra persona.

Cuando de alguna manera podemos penetrar en su mente y en su corazón, y descubrir cómo funciona.


Y les anticipo que eso puede llevar tiempo, inclusive años, no se sorprendan.


Pero vale la pena intentarlo, y vale la pena la relación establecida, y que ésta no se rompa.


Cuidemos con dedicación y esmero cada una de nuestras relaciones humanas, valoremos y apreciemos que otros/as quieran ser nuestros amigos/as, quieran relacionarse con nosotros, y llegado el caso, sean capaces de abrirnos puertas, de ayudarnos, de ponernos en contacto con personas influyentes, etc.


Todo eso es parte de la vida cotidiana también. Y puede ocurrir y surgir en cualquier momento. Estemos alertas siempre.


Entre tanto, cultivemos las buenas relaciones, las amistades. Seamos leales a ellas, no les fallemos, y recogeremos el fruto de nuestros desvelos.


Una de las claves que nos puede ayudar mucho en este sentido, es darnos cuenta de los valores que tiene la otra persona, decírselos, hacerle ver que nos damos cuenta de todo ello, y que para nosotros eso importa y mucho.


A veces cuesta poco hacer felices a otros. En otras ocasiones significa sacrificio personal y el darnos a un grado máximo, pero una cosa es cierta: esa felicidad se nos vuelve acrecentada a nosotros mismos.


Ahora, tengamos bien en claro que esta es una inter-relación humana, por tanto mutua y recíproca. Es la otra persona la que también tiene que hacer todo el esfuerzo por entendernos en nuestra peripecia humana única. En nuestra cultura, en nuestro ambiente. En nuestros gustos, valores y formas de pensar.


Es la otra persona quien también tiene que hacer lo suyo por lograr la empatía con nosotros, y quien deberá también cultivar la buena relación, implicando a veces también dar de sí y sacrificarse, para que uno se sienta pleno y feliz.


O sea, lo que es válido para una parte, es válido para la otra. Lo que cabe esperar y hay que procurar entender en alguien, ese alguien tiene igualmente que procurar entender en nosotros.


Lo que se logra al final es armonía, paz y felicidad.



enigma
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