Thursday, July 28, 2011

Cibernética y libertad

Desde hace década y media, el planeta vive la más tremenda revolucion, nunca anticipada por nadie: la revolución cibernética.

Los viejos ideólogos de las revoluciones sociales del Siglo XIX y XX han quedado superados, perimidos y obsoletos por esta auténtica revolución, que es tecnológico-cultural, que llega a todos los estratos de la sociedad, a nivel mundial, en forma instantánea, y que nos ha unificado aceleradamente en el planeta.

Mediante la cibernética, las conexiones satelitales (sin las cuales nada funcionaría, de ahí la importancia de la actividad espacial) podemos comunicarnos en tiempo real con cualquier persona en cualquier parte del mundo. Podemos entrar en las bibliotecas de las universidades más famosas, podemos enviar y recibir información en sonido, palabras e imágenes.

Todo esto es formidable, y todo esto demanda crecientemente de los legisladores, crear normas a fin de vehicular adecuadamente medios tan poderosos puestos en manos de cualquiera.

Lo cierto es que la internet se usa para cometer crímenes, robos de identidad, esquemas fraudulentos de negocios, apropiación indebida de cuentas bancarias, penetración de sistemas ajenos para robar ideas, espionaje industrial, y espionaje internacional, especialmente de defensa.

Y en medio de todo, el ciudadano común y simple, el usuario como tú y como yo, expuestos (aún ignorándolo) a ser vigilados, investigados, fichados, registrados en cuanto documento recibimos o escribimos y enviamos, trazando un perfil de nuestros gustos, ideas, inclinaciones, etc.

Hemos perdido la libertad. Se nos espía y conoce al instante y no tenemos el respeto a la privacidad para comunicarnos con alguien abiertamente, en los términos que queramos, sin que nadie se entere.

La violación de la correspondencia siempre fue considerada un delito. Pero los gobiernos, sus agencias de inteligencia y policiales, los piratas de internet (hackers) y otros, todos pueden entrar a nuestras PCs, laptops, notebooks, y teléfonos celulares, para obtener de nosotros toda la inforamción que quieran.

No tenemos privacidad, no tenemos derecho a pensar y decir libremente, sin que alguien, si quiere, si lo desea, o si hay una orden judicial que lo permite formalmente, no nos esté mirando y sepa todo de nosotros.

La sensación que a uno le queda luego de eso, es ¡¡ horrible!! Es como andar desnudo en público.
Pero es aún peor. Porque si estuviésemos desnudos en público, revelamos nuestro físico, pero no nuestras ideas, inclinaciones, gustos y disgustos, contactos con otros congéneres, temas, etc.

Aquí estamos vistos internamente, porque se han desarrollado los mecanismos de seguimiento para uso y explotación comercial, en primera instancia, pero también para investigacion, vigilancia y control de las personas.

Y esto es horrible!

Esto me lleva a pensar que si queremos mantener la privacidad de nuestras comunicaciones, que si no queremos ser objetos permanentes de este agravio para el cual ni siquiera se nos informa previamente o se nos solicita nuestro permiso. Si queremos evitar esta invasión a nuestra persona y a nuestra intimidad, en resumen: si queremos mantener nuestra libertad, la mejor forma de comunicarnos, es volver al viejo método de la carta escrita en papel, y enviada en un sobre por correo.

Demorará más, nos llevará más tiempo escribirla, pero eso no lo puede interferir nadie, a menos que la mismísima correspondencia fuese violada, lo cual es facil de constatar.

Y luego el encuentro y la conversacion personal. Ya no somos un nombre, un número o una contraseña, somos quienes somos y tenemos la dicha de conocer como somos, nuestro decir, la inflexión de nuestra voz, nuestros gestos, etc. Esa impronta personal, que jamás es accesible por Internet.

¡Libertad! precioso don por el cual se han librado innúmeras batallas y han dado su vida tantos valientes y patriotas.

No la perdamos al precio de la comunicación inmediata, y todos los adornos con que se nos vende el producto.

Tal vez sea hora de volver a usar papel, y máquinas de escribir (mecánicas o eléctricas), sobres, y el correo postal --que desfallece por la competencia desleal del correo electrónico-- y de encontrarse más personalmente, de reunirse, ¡de volver a mirarnos como humanos, de establecer la mejor de las comunicaciones!

De paso consumimos menos energía eléctrica, contaminamos menos, y si ocurre una catástrofe, un desastre o una simple interrupción del fluido eléctrico, no nos vamos a quedar sin recursos para continuar comunicándonos.

Cuando más dependemos de la electrónica, más esclavos nos hacemos a ella, y más esclavos somos de quienes nos investigan, y tratan de manipular y controlar.

Recomiendo leer la exposición inaugural hecha por el Dr. Manuel Castells en la Universidad Abierta de Cataluña, titulada: "
Internet: ¿una arquitectura de libertad? Libre comunicación y control del poder."
Ver: http://www.uoc.edu/inaugural01/esp/internet_arq.html



enigma

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