Wednesday, June 1, 2011

Como si fuesen uno...

Cuando los sentimientos son fuertes, intensos, profundos, no desaparecen fácilmente.

No se diluyen como una aspirina en el agua.

No se disipan hasta no verse, como el humo en la atmósfera.

Están ahí, tan intensos, fuertes y persistentes como siempre.

Y cuando se les quiere extirpar –como quien extrae una muela— para eliminarlos, o sustituirlos, aún parecen adquirir más fortaleza y se vuelven más resistentes a todo cambio o modificación.

Se aplica a los sentimientos el viejo adagio “donde hubo fuego, cenizas qudan”, pero aún así, esta frase no me satisface del todo.

Porque no es que el fuego se haya casi apagado, sino que el fuego sigue estando, sigue siendo el mismo fuego, y cuando alguien intenta apagarlo soplándolo, no hace sino avivar más las llamas.

Así ocurre con el amor, cuando es sincero, leal, verdadero, auténtico.

Nunca deja de ser. Podrá conocer distintas etapas, podrá evolucionar, podrá madurar, pero nunca deja de ser.

Eso es lo que experimentan los que llevan algunos años de noviazgo. Es lo que saben quienes llevan años de casados, cuando constituyen un matrimonio bien avenido y feliz. Es lo que saben los enamorados bajo cualquier circunstancia, en todas partes del mundo.

Cuando dos seres se aman de veras, cada día encuentran más razones para estar enamorados.

Más se conocen mutuamente, más se valoran, más se confían, más se sinceran, más se perdonan, más se saben interdependientes.

Es la belleza del amor. Esa es la vivencia del romance. Ese es el fundamento que encuentran las parejas para planear el futuro juntas. Porque no tiene sentido vivir separados.

Porque quienes se aman, de ser dos, buscan, necesitan y quieren ser, vivir y funcionar como si fuesen uno.



enigma

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